Santo Domingo. Rep. Dom. - 21 de Octubre 2014
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23 Marzo 2013, 09:09 AM, Comentarios
Dominicana relanza expectativas del Clásico Mundial de béisbol

SANTO DOMINGO (PL).- República Dominicana, con sus superestrellas de las Grandes Ligas, conquistó el título del III Clásico Mundial de béisbol al vencer en la final 3-0 a Puerto Rico y, de paso, puso fin a la hegemonía de Japón en estos certámenes.

Esta escuadra quisqueyana, que se adjudicó el cetro mundial de manera invicta en ocho presentaciones, limpió la imagen dejada por su país en las dos ediciones previas, cuando partían como amplios favoritos al trono y naufragaban incompresiblemente.

Como dijera previo al torneo su gerente general, el exjugador de Grandes Ligas Moisés Alou, "este equipo tiene una misión más grande: restaurar el orgullo y la dignidad nacionales", pese a conocer las sensibles ausencias de superestrellas como Albert Pujols, David Ortiz, José Bautista, Aramís Ramírez, Adrián Beltré, Neftalí Feliz o Johnny Cueto.

Pero cuáles fueron las nuevas aportaciones de este grupo de jugadores -paradójicamente inferior por nombres al de Clásicos anteriores-, o qué factores motivaron un despliegue tan bien armado en cada partido, pudieran ser algunas de las interrogantes más reiteradas últimamente.    

Las principales novedades de esta novena quisqueyana, créanlo o no, fueron la concentración y el compromiso. Los equipos de ese país siempre destilaban calidad a raudales, sin embargo afrontaban estos torneos primaverales como meras exhibiciones o campamentos de confraternización con sus "socios" de profesión.

La química que tiene este equipo es increíble, tenemos mucha energía y hambre del juego, declaró el fenomenal torpedero José Reyes, integrante del equipo dominicano en las tres ediciones de estas lides, concebidas para difundir y globalizar la esencia del béisbol.

Cuando decimos República Dominicana en el mundillo del deporte de las bolas y los strikes, todos imaginamos poderosos sluggers y muchas carreras para el score, pero en esta ocasión -amén del excelente despliegue ofensivo- el pitcheo se robó el show, sobre todo los hombres del bullpen, cuyo principal jerarca fue el derecho Fernando Rodney.

Rodney, el hombre del plátano mágico, se acreditó siete puntos por juego salvado, récord, y comandó un cuerpo de relevistas que implantó la ley del terror a la oposición, tras lanzar las últimas 25 y dos tercios de entradas sin permitir carreras, algo insólito en estos días de pelotas supervivas como la Rawlings.

Comencé a prepararme en diciembre para el Clásico Mundial, declaró Rodney, quien no permitió carreras, propinó ocho ponches y apenas cedió un hit en siete y un tercio de innings.

En los dos clásicos anteriores no reparamos mucho en la fecha y eso fue mortal, abundó el relevista, tras recordar la funesta actuación de su país en el Clásico de 2009, cuando quedaron eliminados en la primera ronda.

Si el pitcheo de atrás (relevo) estuvo impecable, también el derecho abridor Samuel Deduno es digno de destaque, avalado por sus dos triunfos sin reveses, con 17 ponches en 13 entradas y 0.69 de efectividad, además de haber lanzado los partidos más importantes para Dominicana en el Clásico, incluida la gran final.

Ahora bien, la distinción de Jugador Más Valioso (MVP, por sus siglas en inglés) recayó en la figura del segunda base Robinson Canó, jugador bandera de esta selección por la perfecta conjunción de los factores liderazgo-calidad-rendimiento.

La clave de nuestros triunfos siempre estuvo en que salimos al campo a darlo todo, pero también a disfrutar, sin ningún tipo de presión, pero convencidos de nuestras posibilidades. La unidad, apoyo, y optimismo que siempre tuvimos dentro del equipo fue fundamental, destacó Canó, momentos después de alzar el trofeo de campeón mundial, con foja invicta de ocho triunfos sin revés.

El astro de los Yanquis de Nueva York exhibió un porcentaje ofensivo de .469 (15 hits en 32 turnos al bate), con cuatro dobles, dos jonrones, seis carreras impulsadas e igual cantidad de anotadas, además de compilar un extravagante promedio OPS de mil 296, a pesar de haber enfrentado a los mejores lanzadores del torneo, la mayoría concentrados en los grupos de América.

La impresionante actuación de la Dominicana del mentor Tony Peña, entretanto, no puede demeritar de ninguna manera el desempeño del subcampeón Puerto Rico, que en su camino a la final desbancó a poderosas novenas como Venezuela, Estados Unidos y el entonces campeón defensor Japón.

Volvimos a poner a Puerto Rico en el mapa mundial del béisbol, dijo el manager puertorriqueño Edwin Rodríguez, quien lamentó la derrota en la final ante los dominicanos pero señaló que "el béisbol organizado puede ver con ojos positivos lo que se hace en su país".

Esta fue la mejor actuación de un equipo boricua en Clásicos Mundiales, ya que nunca habían superado la segunda ronda del certamen.

EL III CLASICO MUNDIAL EN NÚMEROS

El Clásico sobrecumplió las expectativas para los organizadores, quienes vieron cómo se impuso récord de audiencia y de asistencia de aficionados en los estadios, aunque cada vez es más necesario implantar la idea de una sede única por el bien de espectáculo.

Con los 35 mil 703 fanáticos congregados en el AT&T Park de San Francisco para presenciar la gran final, el III Clásico Mundial reunió en los estadios a 885 mil 212 aficionados durante los 39 partidos, cifra superior los 801 mil 410 del 2009, antiguo récord del evento.

Los rating de audiencia en países como Japón, Cuba, Taiwán República Dominicana y Puerto Rico fueron realmente muy altos, pero sin duda el certamen deberá seguir creciendo, sobre todo en Estados Unidos, un país al cual todavía no enamora el Clásico.

Trasmitido en 13 idiomas para 210 naciones, según datos oficiales, este certamen catapultó una vez más al béisbol en las preferencias de los aficionados, sin embargo todavía necesita perfeccionarse para ganar en seriedad.

La fecha de realización, el compromiso de algunos equipos de Grandes Ligas, jugadores y empresas con el evento todavía atentan contra su crecimiento y estabilización.

Esperemos que para la edición de 2017 se limen estos y otros detalles organizativos para que este magno certamen de las bolas y los strikes se convierta por fin en un fenómeno universal, a la altura de unos Juegos Olímpicos o una Copa del Mundo de fútbol. Soñar no cuesta nada, todavía resta mucho trabajo por delante.

jt/am

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