Me alegra que Vargas Llosa haya recibido la nacionalidad dominicana. Como me alegré también cuando en el 2010 recibió el Premio Nobel de la Literatura. Se trata, sin dudas, del más reconocido escritor en idioma español que nos queda esta generación.
Vargas Llosa no es un premiado con el Nobel que ha palidecido en su labor literaria después de recibir el más prestigioso galardón que se le puede entregar a un pensador, a un intelectual o artista alguno. Es un intelectual muy completo y versátil. Es una pluma universal que prestigia el quehacer literario en todo el mundo. Me alegra que haya decidido nacionalizarse dominicano.
Su libro más reciente, “El fuego de la imaginación”, que adquirí no hace mucho lo estoy leyendo con apetitosa atención. Se trata de una voluminosa recopilación de artículos periodístico sobre crítica literaria, teatro, cine, artes plásticas y demás, que lleva un excelente e inspirador prólogo de su amigo Carlos Granés, quien señala que “con este volumen dedicado a la cultura, Alfaguara da comienzo a la publicación de la obra periodística del premio Nobel peruano, y lo hace siguiendo una estructura temática, lo que permite al lector descubrir en profundidad el ideario del autor a través del tiempo en cada una de las materias».
Entre las cosas que destaca Granés, y que a mi me llama poderosamente la atención, es la enorme capacidad lectura de Vargas Llosa. Es asombrosa la cantidad de libros que no solo ha leído sino también la forma genial con que los comenta, con esa familiaridad con la que se acerca a cada uno de sus autores y se nos revela como cómplice invisible de toda la abundante producción literaria que afortunadamente ha pasado por sus manos.
Atiendan lo que dice Granes sobre esta capacidad lectora del ahora también dominicano escritor Vargas Llosa: “Quien haya tenido el privilegio de ojear algunas de las bibliotecas que fue sembrando por el mundo sabe perfectamente que cada libro que pasa por sus manos recibe un comentario y una calificación, y que no le tiembla el pulso ni la retina a la hora de enfrentarse a los quince, veinte o treinta tomos de las obras completas de algún autor, de los que analiza la estructura y las tramas de sus novelas, o en la que sopesa y pelea cada uno de sus planteamientos. Su más reciente empresa lectura lo corrobora: Los más de cien títulos que componen las obras de Benito Pérez Galdós”.
Estoy saboreando lentamente el libro “El fuego de la imaginación” de Mario Vargas Llosa, ojalá me lo encuentre en la Librería Cuesta, lugar que suele visitar cuando viene al país, para saludarlo y ver si puedo cruzar algunas palabras con él, ahora que es también dominicano.
Porque como afirma también el prologuista “No hay cultura genuina sin pluralidad de ideas y sin crítica”.
jpm-am


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