POR ALEJANDRO JAQUEZ
En la República Dominicana seguimos demasiado concentrados en una pregunta: ¿quién ganará las próximas elecciones? A mí me preocupa otra: ¿qué ganará el país?
Porque se pueden ganar elecciones y perder cuatro años. Cambian los gobiernos, los discursos y los protagonistas, pero muchas de nuestras prácticas permanecen intactas. Nos prometen cambios, nos hablan de transformaciones y, mientras tanto, gran parte de la política se consume desacreditando al adversario en lugar de construir un proyecto de nación.
Hemos convertido la confrontación en espectáculo y, peor aún, estamos normalizando antivalores simplemente porque generan aplausos, popularidad o comentarios en las redes. Fabricamos figuras desde el escándalo y después el país termina pagando las consecuencias.
Y siempre paga la gente: más deuda, menos oportunidades, instituciones debilitadas y una inversión insuficiente en educación y desarrollo humano. Seguimos administrando problemas en lugar de construir soluciones de largo plazo.
No tenemos un problema solamente político.
También debemos mirarnos como sociedad.
Exigimos lealtad siendo desleales, confianza siendo desconfiados, trabajo tolerando la vagancia y respeto mientras celebramos la falta de respeto cuando viene de nuestro lado.
Queremos instituciones fuertes, pero muchas veces solo cuando sus decisiones nos favorecen.
Tenemos un país extraordinariamente rico, no solamente por sus recursos, sino por su gente: hombres y mujeres trabajadores, solidarios, emprendedores y capaces. Sin embargo, demasiada gente buena se ha aislado de los asuntos públicos.
Mientras más preparados estamos, pareciera que más aprendemos a construir nuestra pequeña burbuja: proteger nuestra familia, nuestros negocios y nuestro bienestar. Pero ¿de qué sirve estar bien individualmente si la sociedad que nos rodea se deteriora?
Los buenos también tienen que participar
Invito a quienes se consideran serios a participar en política. A quienes critican la corrupción, a demostrar que pueden administrar lo público sin beneficiarse. A quienes reclaman eficiencia, a asumir responsabilidades. A quienes dicen que todos los políticos son iguales, a entrar y demostrar que no tiene que ser así.
Porque dejar la política exclusivamente en manos de quienes criticamos tampoco resuelve nada.
Nuestra historia reciente debe servirnos de espejo. Hemos visto partidos pasar décadas cuestionando al poder y llegar al Gobierno prometiendo hacerlo diferente. Por eso debemos aprender una lección: cambiar de partido no necesariamente significa cambiar el país.
El verdadero cambio se produce cuando fortalecemos las instituciones, invertimos en la gente, respetamos las reglas y construimos políticas públicas que sobrevivan a los gobiernos.
Por eso, para mí, quién ganará realmente no es lo más importante.
Si quien llega hará exactamente lo mismo que criticó cuando estaba fuera, habrá ganado unas elecciones, pero el país habrá vuelto a perder tiempo.
La República Dominicana necesita menos espectáculo y más propósito; menos fanatismo y más conciencia; menos salvadores y más ciudadanos comprometidos.
Quizás deberíamos dejar de preguntarnos quién ganará las próximas elecciones y comenzar a hacernos una pregunta mucho más importante: ¿Cuándo vamos a decidir ganar todos como país?.
jpm-am

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Voté toda mi vida, tengo 74 años. En cada elección fué lo mismo: altanería y orgullo del escogido así como robo de mis impuestos ; el poder es para los humildes ,y aquellos que tienen corazón ,y amor por su patria . El 99% de los elegidos lo único que han traído es decepción, abandono y solo ellos se enriquecen y suben en la escala social y económica mientras el ciudadano queda desamparado, sin bienestar ni progreso.
Jamás votaré de nuevo.
EXCELENTE… CAMBIAMOS PARA PEOR…
Magistral…