Los nietos de la familia Medina Sánchez podrán proclamar dentro de treinta años que son ricos de nacimiento. Albergo la esperanza de que los descendientes de quienes contemplamos los espeluznantes episodios protagonizados por los hermanos del presidente Danilo Medina sepan recordarles cómo fue que adquirieron esa riqueza.
Pese a su opulencia material, posiblemente les falten dinero y capacidad para borrar todo lo que se está escribiendo respecto de las atrocidades de la corporación Medina contra los fondos públicos. Los medios electrónicos y digitales podrán pasar, pero lo escrito prevalecerá. Quizá alguno de ellos sea mordido por la vergüenza. Y hasta sufra.
A pocos días de que el jefe de la organización Medina pregonara, con aparente envalentonamiento, que nadie lo avergonzaría por los actos de su gobierno, se conocen resultados de otras auditorías de la Cámara de Cuentas con más acciones irregularidades detectadas en instituciones del Estado durante el mandato de PLD-Medina.
Hasta las mujeres, a menudo más cautelosas, jugaron papeles destacados en el saqueo de los bienes públicos. Y tan borrachas y borrachos de poder andaban que dos hermanas de Danilo Medina se confundieron con el nombre del Fondo Patrimonial de las Empresas Reformadas, pues entendieron que era Fondo Patrimonial de la Familia Medina.
Hay derecho a suponer que la organización Medina tuviera como lema “La suerte es loca y a nosotros nos toca”. La suerte les trajo sueldos holgados, suculentos negocios con instituciones públicas al margen de la ley y de la ética, contratos irregulares y procesos de “urgencia” que no cumplieron con ese requisito, según indican los auditores.
Los Medina vendieron combustibles, vendieron asfalto, repararon o construyeron propiedades públicas, equiparon hospitales, de todo vendieron y pocas veces honraron sus compromisos. En cada institución del Estado, los miembros del clan eran complacidos por sus titulares, quienes, obviamente, son cómplices de tales fechorías.
Entre las instituciones señaladas como favoritas para las prácticas irregularidades están la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado, Ministerio de Salud Pública, Fondo Patrimonial de las Empresas Reformadas, la Empresa Distribuidora de Energía del Este (Edeeste) y la Policía Nacional. Pero eso no es todo.
Si estos hechos -y los que faltan por revelar- no fueran suficientes para que el expresidente Medina sienta vergüenza, habrá que esperar nuevas generaciones de esa familia, entre quienes un día alguien reclinará su rostro y pedirá perdón por sus padres, abuelos y tíos.
Sus antepasados habrán muerto podridos en cuartos, pero su historial delictivo permanecerá en muchos papeles.


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