Un saludo cordial y afectuoso al iniciar el presente memo, con las intenciones que Usted conoce dominan mis intenciones plenarias hacia su persona, desde la campaña electoral, y para siempre, en lo breve que me resta de vida a mis 85 almanaques, apreciado Presidente.
Hay un capítulo de preponderante interés en todo gobernante, y consiste en la repercusión del parecer de los periodistas que hacemos opinión pública, y que precisamente, de manera paradojal, los gobernantes minimizan luego, no antes, de ascender al poder.
El universo de pareceres de los periodistas que intervenimos en el trepidar de la vida nacional, y en mi caso, más allá, es el resultado de auscultar en todos los ángulos de la vida diaria, el comportamiento de los gobernantes, y la repercusión en el gran escenario vernáculo del ajetreo gubernamental.
Ese seguimiento y rastreo del vivaque sin pausa de los gobernantes, los asimilamos como las vibraciones que atrapan los imanes cuando los pasamos por la tierra, revelándonos minucias y detalles que luego incorporamos al universo de las conceptualizaciones, y volcamos en juicios de valores que sin evasivas que valgan, determinan el porcentaje de aceptación o rechazo de los gobernantes.
Las plataformas que nos guían para externar consideraciones y mediciones del trepidar de los gobernantes en sus ejecutorias que nos involucran sin escapar, a todos, son el tropel del accionar de los gobernantes, en el caso de nuestro presidente Luis Abinader, un inconcluso maratón de obras que jalonan su administración, al parecer sin postas, diferente a la de Filípides, cuando sin postas, negoció 40 kilómetros para anunciar a Atenas el triunfo de Milcíades frente a Darío I en la batalla de Maratón, cayendo exhausto de infarto fulminante.
Asomamos a un año ple-electoral, donde se deslindarán las dos fuerzas protagónicas del certamen electoral mayo 2024, PRM-Fuerza del Pueblo, conforme a sondeos del suscrito, reiterados en varias ocasiones, considerando que Leonel Fernández es el candidato a vencer Luis Abinader.
Nadie más.
Hay una falla comunicacional presidencial que lamento, por ausencia contactos de sus directivos con periodistas, bache que nuestro presidente debe superar cuanto antes, eliminando indebidos maltratos y silencios.
La comunicación entre el rector de la vida nacional y los periodistas, la interpreto troncal, y actual, es pato cojo.
Cuando se avecinaban elecciones, mi entrañable hermano afectivo Mario Alvarez Dugan, Cuchito, instaba a corresponsales, solicitándole el sístole y diástole de sus comunidades.
Cuando Cuchito estudiaba los reportes, sabía a priori quien ganaría las elecciones.
Es el poder discrecional del contacto de los periodistas con sus entornos, circunstancia que avala nuestro compromiso comunicacional, definido como Cuarto Poder, aunque sin poder ni cuartos.
¡Hasta la victoria siempre, querido presidente Abinader!
jpm-am

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