El término iglesia viene del idioma griego, cuyo significado es una asamblea con un fin determinado, el cual es estar fuera del mundo. De ahí que, no es lo mismo ser mundano que ser cristiano, o parte de la iglesia. Generalmente se considera que la iglesia está ligada al que la edifica, a su propósito terrenal y celestial, ya determinado en la Biblia.
Jesucristo escogió ese término por el significado que tenía en la población griega, y en todas las partes donde existió la influencia del imperio o reinado griego, debido a que se impuso el idioma de Atenas. Jesús quería que su iglesia llegara a todos los rincones de la tierra, como dijera a sus discípulos: «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» Hc. 1:8.
El propósito era rescatar al ser humano de la vida de pecado e incredulidad en la que vivía. Esa vida se considera, también, como de anti- valores, es decir, que la mayoría de pecados, están considerados como anti- valores. De ahí que, el rescate es pagar el sacrificio para sacar de esa vida a las personas. Por consiguiente, el hombre de iglesia busca regenerarse en todos los sentidos.

Las iglesias son forjadoras de valores, lo que evidencia, que las iglesias no trabajan con personas perfectas, sino imperfectas, unas más otras menos. Por eso, algunos no entienden a los cristianos, convertidos, evangélicos, y protestantes. Todos los que se hacen iglesias son los que reconocen su situación de pecado, y deciden buscar el perdón y ser redimidos para Dios.
Los de iglesias buscan cambiar sus vidas, dejando el viejo hombre viciado, para comenzar una nueva vida en pro de la perfección y santificación, las cuales nunca serán alcanzadas en su cabalidad, puesto que esa posición corresponde al Altísimo Dios. Estos aunque son imperfectos, en realidad, van alcanzando un nuevo nivel, o gloria cada vez que dejan atrás un peldaño inmoral, o pecaminoso.
Exigir perfección a los de las iglesias, es una falacia innecesaria. Son tan humanos como los demás; viven en la misma sociedad y; luchan contra los mismos anti- valores o pecados. De ahí que, los imperfectos no podemos pedir perfección a otros que también son imperfectos. Ellos tendrán toda la vida para seguir su búsqueda y gozarse con cada triunfo obtenido.
Ahora bien, como la salvación es por gracia, no por obras, el Señor Jesucristo ha quitado todas manchas y hace santos (perfectos, santificados) a todos los que de corazón han respondido por fe a su llamado. De ahí deriva la confianza del creyente, de la obra realizada por Dios Padre, Jesucristo, y el Espíritu Santo, en el proceso de salvación. El hombre no es autor de salvación, sino Jesucristo, con el Espíritu y el Padre; el hombre es recipiente de la salvación.
Las iglesias enseñan sobre el amor, la misericordia, la paz, la justicia, la fe, la puntualidad, la verdad, el sí sí, y el no no. Esos valores como la honradez, la sinceridad, honestidad, lealtad, fidelidad, entre otros embellecen la vida del creyente en Cristo. Eso es formar un nuevo hombre con valores. No es fácil lograr avances significativos, puesto que cada persona viene de una sociedad podrida.
Las iglesias son el esqueleto moral de las sociedades
Si con la presencia y obras de las iglesias, en este sentido, las sociedades siguen mal, pero muy mal, qué sería sin las iglesias? Se estaría peor, sin esperanza de regeneración y renovación. Todas las iglesias ejercen una función importante, despreciar esas funciones sociales, sería el peor error que cometerían las sociedades.
El catecismo, la escuelita dominical para niños son herramientas de instrucción desde la niñez, la cual continúa en la adolescencia, la juventud y la adultez, en cada etapa del individuo. Ahora bien, si se alejan de las iglesias, entonces se pierden de esa bendición personal y social. De ahí la necesidad del evangelismo casa por casa, o por cualesquier medios posibles. Se busca mejorar al individuo, a la sociedad y a las iglesias.
Pero, las iglesias no deben perder el objetivo principal que es predicar el evangelio a todas las criaturas, para que éstas creyendo, arrepintiéndose y bautizándose puedan ser salvas, convirtiéndose en nuevas criaturas en Cristo. Entonces, el Espíritu Santo, le ayudará en el proceso de santificación, lo cual conllevaría a una vida en valores.
jpm-am

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