Tras los resultados de las elecciones municipales, cabría esperar que la oposición reflexionara sobre sus errores y reevaluara sus estrategias ante la contundente victoria del PRM en numerosas alcaldías. Sin embargo, la realidad lamentablemente no refleja este ajuste reflexivo.
Inmediatamente después del escrutinio del 19 de febrero, el partido gobernante desplegó una táctica bien conocida atribuida al padre de la ciencia política, Nicolás Maquiavelo: la estrategia de «divide y vencerás». Esta estrategia busca sembrar la idea de que el presidente Luis Abinader carece de competencia para las elecciones de mayo, relegando así a la oposición a una lucha por el segundo lugar.
Resulta sorprendente que un sector significativo del PLD haya abrazado esta narrativa, incluso llegando al extremo de solicitar al Dr. Leonel Fernández que se retire para respaldar a Abel Martínez. Sin embargo, esta petición parece más una anticipación de excusas que una propuesta seria, ya que es poco probable que se materialice. Este gesto sugiere una estrategia de preparación de terreno para justificar una eventual derrota en las urnas, responsabilizando al presidente Férnandez del fracaso de las organizaciones opositoras en las elecciones presidenciales y congresuales.
El PLD, por su parte, intenta proyectarse como la segunda fuerza política, pero ¿qué validez tiene este posicionamiento si una eventual victoria del PRM en 2024 lo catapultaría a la hegemonía política, potencialmente perpetuando su permanencia en el poder? Es fundamental cuestionar cuál es el verdadero propósito de ciertos líderes políticos: ¿buscan el bienestar del país o solo la supervivencia de sus propios partidos?
En este contexto, la verdadera unidad opositora debería reflejarse en un acuerdo que lleve candidatos a senadores comunes en todas las provincias, mientras que cada partido debería competir por separado en el nivel presidencial para preservar la autenticidad de la coalición. La población necesita percibir que la cooperación entre los partidos de oposición no es solo una fachada, sino una verdadera expresión de compromiso por el progreso y la estabilidad del país.
Finalmente, en este complejo tablero de estrategias y tácticas, la máxima de Abraham Lincoln resurge con un eco profundo y revelador: ‘Un reino dividido no puede subsistir’.
Jpm


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