Incremento Tangencial de la Carga Tributaria (OPINION)

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El autor es economista y escritor. Reside en Santo Domingo. 

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POR OMAROY MÉNDEZ GARCÍA

A menudo, los informes oficiales nos hablan de un país en constante movimiento, de un crecimiento económico envidiable y de cifras récord en las reservas internacionales.

Sin embargo, para entender la verdadera realidad económica de la República Dominicana durante los últimos seis años (2020-2026), basta con conversar con cualquier empleado formal o padre de familia al final de la quincena. Lo expresado es una generalidad: el  dinero rinde cada vez menos, mientras la vida se vuelve más costosa.

Durante este sexenio, la administración del PRM ha sacado pecho con los indicadores macroeconómicos. Pero detrás del brillo de las estadísticas de incremento del PIB, existe una desconexión profunda y evidente entre la riqueza que genera el país y lo que realmente percibe el bolsillo de la gente.

Imaginemos el esfuerzo diario de miles de dominicanos que salen de sus casas temprano en la mañana a quemarse el lomo, para que al cobrar no se vean los chelitos.

Entre 2020 y 2026, enfrentamos momentos de fuerte turbulencia económica mundial y local. La crisis postpandemia y los conflictos internacionales dispararon los precios de los alimentos, las medicinas y los combustibles, con picos de inflación muy duros durante el período.

El problema central no fue solo que todo subió de precio, sino que los salarios reales no se movieron al mismo ritmo. Aunque el gobierno ha anunciado ajustes en los salarios mínimos sectoriales en distintos momentos, la realidad en la calle es que esos aumentos nominales se evaporaron rápidamente frente al costo de la canasta básica. El poder de compra de las familias se contrajo, obligando a muchos a recortar gastos esenciales o a endeudarse para cubrir lo básico.

Aquí es donde entra una de las omisiones técnicas y humanas más dolorosas de este periodo: la falta de indexación. Desde 2017, los umbrales que determinan a partir de qué monto un trabajador comienza a pagar impuestos sobre la renta (fijados tradicionalmente en el salario exento de RD$416,220 anuales) se han mantenido congelados.

¿Qué significa esto en la vida real?

-Reducción del ingreso real del trabajador al comprar menos.

-El monto que paga por impuestos es mayor.

-Aumento de la miseria del dominicano.

-Disminución de la capacidad de ahorro del dominicano.

-Una vida con mayores precariedades.

En términos claros la falta de indexación  es un impuesto ilegal invisible, injusto e indirecto: la inflación actúa como un confiscador por el  aumento de impuestos por la puerta trasera, castigando precisamente y sobre todo a la clase media asalariada que cumple fielmente con sus obligaciones formales.

Producimos más, pero ganamos proporcionalmente menos: los datos muestran que en la economía dominicana, los sectores productivos, las zonas francas y el turismo han incrementado su productividad de manera notable.

Los trabajadores y profesionales aportan cada día más valor al aparato productivo nacional. Sin embargo, producto del olvido consciente de la indexación se produce un incremento tangencial (indirecto) de la carga tributaria.

Sin embargo, ese crecimiento no se ha traducido en una mejora equitativa del bienestar de quienes lo producen. Se ha abierto una brecha ancha y dolorosa entre la alta productividad de las empresas y el estancamiento del salario real de los colaboradores.

 Mientras la economía genera más riquezas en los agregados, el ingreso del factor humano se queda rezagado, rompiendo el pacto social básico de que el esfuerzo y el trabajo duro deben garantizar una vida digna y un progreso tangible.

Gobernar un país no se trata únicamente de celebrar balances macroeconómicos saludables o reservas internacionales robustas mientras la base de la pirámide social sufre las consecuencias del alto costo de la vida y del olvido inhumanos de las personas que los gobiernan.

Si queremos construir una sociedad verdaderamente justa e inclusiva, el próximo tramo de la política económica nacional debe corregir esta deuda histórica.

Es de extrema urgencia aplicar por ley la indexación automática para detener la confiscación inflacionaria de los salarios, y promover políticas de ingresos reales que cierren la brecha con la productividad. Porque la verdadera salud de una nación no se mide solo en las cuentas del Estado, sino en la tranquilidad con la que sus ciudadanos pueden llevar el sustento a sus familias.

Por todo lo anterior es que el partido de gobierno se puede llamar desde aquí y en adelante partido de las Promesas  Rotas por Miseria (PRM).

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