Alguien ha hablado de suicidio político para atribuir esa suprema acción a los líderes que conforman el sector mayoritario del Partido Revolucionario Dominicano, quienes reniegan de participar en el simulacro de convención que organiza el señor Miguel Iscariote Vargas para legalizar su permanencia en la presidencia de la organización.
Suicidio es el acto de quitarse la vida, pero se extiende a cualquier acción que puede perjudicar a quien la realiza. Es probable que quien toma tal decisión haya encontrado todos los caminos cerrados y vea imposible la solución a sus problemas. Los siquiatras dominicanos se preocupan hoy día por la tendencia suicida de niños y jóvenes.
La mayoría de los perredeístas está pesimista con el destino de su organización. Todo el que actúa fuera de la órbita del Súper Yo -o sea Miguel Iscariote- cree que el PRD ha sido entregado al enemigo y que en las elecciones de 2016 bailará la música que toque la orquesta del doctor Leonel Fernández, por más ruidosa y desafinada que le salga.
La marcha política realizada en Nagua, nordeste del país, el pasado domingo evidencia lo que quieren los auténticos perredeístas. Se trató, no sólo de una demostración regional de fuerza, sino de un reclamo para que el PRD se libere de las coyundas que le impiden cumplir su rol como principal partido de la oposición.
Esa manifestación ha sido una muestra, muy significativa, de que los militantes de la más antigua fuerza política dominicana -75 años- andan muy descontentos con los procedimientos y actitudes del señor Vargas, cuyos negocios, financieros y políticos, con los líderes y el gobierno del PLD le han mermado la confianza entre la gente del PRD.
No recuerdo la fecha en que Vargas hará su convención, pero sé que tiene su comisión organizadora, escogida por su comité ejecutivo, reunido en un negocio de su propiedad y que es lógico suponer que su victoria esté segura. Aún así, su vocero considera que van al suicidio político quienes -por dignidad- se abstendrán de participar en la treta.
En política, enfrentar grandes adversidades siempre ha parecido un suicidio. Lo pareció que José Núñez de Cáceres desafiara la monarquía española para independizar nuestro territorio en 1821, y también que Juan Pablo Duarte y los trinitarios resistieran el ejército haitiano hasta constituir definitivamente la República Dominicana en 1844.
A diferencia del suicidio, en el que alguien atenta contra su vida, el genocidio consiste en la “eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política…”. Lo que sucede en el PRD es que un individuo está matando sueños y aspiraciones de un conglomerado que depositó su fe en ese partido. Es un verdadero genocidio político.
rafaelperaltar@gimail.com
Genocidio político, más que suicidio
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