Después de las primarias en el Distrito NY-13 (OPINION)

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El autor es activista comunitario. Reside en El Bronx

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Por CARLOS SUAREZ

Por razones que aún no comprendo, la campaña de Adriano Espaillat en el distrito NY13 fue convertida en un referéndum sobre la dominicanidad. Y lo peor: ocurrió en un distrito diverso, con votantes de todos los orígenes y colores. Se le imprimió un matiz racista, con prejuicios antihaitianos que irritó a muchos, sobre todo a los no dominicanos.

Fue una aberración. Eso no representa los valores ni la esencia del pueblo dominicano.

Soy uno de tantos dominicanos y dominicanas que aman a su país. Conozco la bondad y la solidaridad de mi gente. Creo en la República Dominicana: en su independencia, en su soberanía. Y mientras tenga voz, la alzaré para defenderla en el sentido más amplio e íntegro de la palabra.

Pero no creo en la propaganda de odio. No creo en un nacionalismo xenófobo y cínico.

Desde mi convicción de que toda vida merece respeto, rechazo esa campaña de prejuicio. Reducir la dignidad de una persona o de un pueblo —llámese Haití o cualquier otro— es inaceptable.

El senador estatal Gustavo Rivera no es alguien que yo considere humilde. Sin embargo, reconozco la firmeza con que denunció lo que veía en esa campaña. Lo rechazó sin apoyar a ninguna candidatura. Fue una forma clara de sostener principios cuando otros vacilan.

Era, y sigue siendo, deber de toda persona que defienda la humanidad, la justicia y la igualdad, rechazar ese absurdo.

Dos pueblos, una isla

República Dominicana y Haití son como gemelos que nacen de un mismo vientre. Probablemente tomen caminos distintos, formen familias diferentes y vivan realidades propias. Serán dos personas distintas, pero hermanos para siempre. Si son inteligentes, se llevarán bien, se respetarán y se ayudarán dentro de lo posible.

Así ambos países: surgieron de una misma isla, tomaron rumbos propios y hoy son naciones separadas. No hay mejor ni peor. Son dos pueblos con culturas y características propias. Deben practicar la solidaridad y la cooperación para sobrevivir, sobre todo frente a quienes por siglos han abusado de ambos. No hay espacio para el odio. El entendimiento y el reconocimiento mutuo benefician a los dos.

La lección que queda

Lo ocurrido en las primarias debe servirnos para reflexionar como dominicanos. No para separarnos más, sino para corregir desviaciones que nos impiden enfocarnos en los problemas reales de nuestra gente, aquí en la diáspora y en la isla.

La unidad es vital para impulsar una agenda común: vivienda digna, educación de calidad, seguro médico, alimentos asequibles, más guarderías y oportunidades para pequeños emprendedores.

Eso exige un plan de políticas públicas coordinado entre comunidad y oficiales electos. Y eso solo es posible con la participación de todos los grupos.

Mirar a noviembre

Llamo a la sensatez: sigamos unidos hacia adelante. No importa por quién votaste en primarias. En noviembre se elige al congresista del NY13. No podemos permitir que una agenda ultraconservadora hable por esta comunidad en Washington.

Saber diferenciar lo superficial de lo fundamental es clave. Hoy lo fundamental es que Darializa sea la voz del distrito, no un republicano alineado con Trump y MAGA.

Las diferencias de las primarias deben superarse. Lo que viene determinará quién nos representa en el Congreso. Trabajemos juntos.

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