En junio, el Gobierno dominicano lanzó la campaña “Inquebrantables”, una iniciativa destinada a reconocer y destacar a hombres y mujeres emprendedores, trabajadores incansables y ciudadanos que, con esfuerzo y perseverancia, contribuyen al desarrollo nacional. La intención de la campaña es positiva y busca exaltar valores asociados al sacrificio, la resiliencia y la superación personal. Sin embargo, una buena intención no siempre garantiza una comunicación efectiva.
Una de las principales debilidades de la campaña radica en la selección del término que le da nombre. El vocablo “inquebrantable”, aunque correcto desde el punto de vista lingüístico y cargado de significado, presenta dificultades fonéticas para amplios sectores de la población. No es una palabra de uso cotidiano, resulta compleja de pronunciar para muchas personas y, además, posee una estructura sonora que dificulta su rápida memorización. Incluso entre ciudadanos con formación académica, el término no fluye con naturalidad en la conversación diaria.
Las campañas de comunicación pública no deben diseñarse únicamente desde la perspectiva técnica o intelectual de quienes las conciben. Deben construirse pensando en el lenguaje que utiliza la mayoría de la población. La historia del mercadeo, la publicidad y la propaganda demuestra que los mensajes más exitosos suelen estar sustentados en palabras simples, directas y de fácil recordación. Cuando una campaña necesita ser explicada para que la gente recuerde su nombre, comienza a perder parte de su efectividad.
Da la impresión de que, en este caso, no se ponderaron suficientes alternativas antes de lanzar la propuesta. Es posible que el concepto haya surgido del entusiasmo creativo o del imaginario de quienes diseñaron la campaña, pero no necesariamente de una evaluación rigurosa sobre el impacto real del término en el lenguaje popular. La comunicación gubernamental debe priorizar la comprensión inmediata por encima de la sofisticación conceptual.
Un ejemplo interesante habría sido utilizar la palabra “Invencibles”. Este término es sinónimo de “inquebrantables” en muchos contextos, pero posee ventajas evidentes. Es más corto, más fácil de pronunciar, más fácil de recordar y genera una imagen mental inmediata de fortaleza y victoria. Además, tiene una musicalidad que facilita su repetición en medios de comunicación, conversaciones cotidianas y redes sociales.
Probablemente una campaña denominada “Invencibles” habría logrado una mayor penetración en el imaginario colectivo. Su fuerza comunicacional habría permitido que el mensaje trascendiera más allá de los anuncios oficiales y se instalara espontáneamente en el lenguaje popular. Al final, la verdadera prueba de una campaña no es únicamente lo que comunica, sino cuánto permanece en la mente de la gente.
La experiencia demuestra que, en comunicación estratégica, las palabras importan. Una sola palabra puede determinar el éxito o el fracaso de una campaña. Por eso, más allá de los recursos invertidos y de las buenas intenciones, la pregunta sigue siendo válida: ¿se eligió el término que mejor conectaba con el pueblo dominicano o simplemente el que más gustó a quienes lo diseñaron? La respuesta, como siempre, la dará la capacidad de la campaña para permanecer en la memoria colectiva de los ciudadanos.
of-am


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Eso es parte de la reforma fiscal y se logró su aprobación. Le gustó a los que la diseñaron.