Mientras mayor es el delito, mayores son las defensas a los imputados. A pesar del cúmulo de prueba salen a relucir la presunción de inocencia, el debido proceso, el cuidado de la reputación y todo cuanto se pueda imaginar.
Mientras en nuestras cárceles existe un importante número personas cuyos derechos han sido violados y sus penurias no encuentran eco, los grandes desfalcadores cuentan con voces en múltiples medios: rádiales, escritos, televisados y en las redes sociales e incluso aparecen editorialistas que se suman al coro.
Mientras en la población el grito generalizado es que haya condena y recuperación de lo estafado.
Una sola persona puede haber sustraído más recursos que todos los que se encuentran privados de libertad en algunas de las prisiones del país y recibe más apoyo que el conjunto de esos reclusos.
Estos casos que envuelven cientos e inclusos miles de millones malversados requieren el repudio y penas ejemplares.
La mayoría de de los presos por delitos menores carecen del debido criterio, la formación familiar y académica y de fondos suficientes para sostenerse, todo lo contrario a aquellos que cometen grandes estafas que son generalmente graduados de universidades y con recursos suficientes para vivir tranquilamente junto a sus familiares.
Los mejores abogados llueven para defender los grandes desfalcos y otros delitos gigantes los cuales inmediatamente buscan atenuar. Aquí también llueven los millones.
Esa danza de recursos es capaz de lograr cualquier cosa, sobretodo porque generalmente el acusado supo favorecer a muchos que se creen obligados a salir en su defensa además de su disposición de invertir una cuota del delito en revertir la situación.
Romper con el viejo esquema planteado por Pablo Neruda: “el fuero para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan”, ha conmocionado la sociedad dominicana tan acostumbrada a la impunidad de los grandes delitos cometidos desde las alturas del poder.
La marcha verde dejó en el corazón de los dominicanos consignas difíciles de borrar en cuanto a la corrupción administrativa que superan las campañas disimuladas en favor de los desfalcadores de los bienes públicos.
La justicia dominicana está creando bases sólidas para el futuro de la nación por lo que no debemos prestarnos al juego de quienes con cuestionamientos interesados buscan socavar esta conquista histórica.
“La impunidad y la corrupción, se lleva la nación”, “Esto aquí se va a acabar, esa vaina de robar”, “A ti que está mirando, también te están robando”, son algunas de las consignas levantadas en el pasado reciente que debemos sostener en el presente.
A los pejes gordos, los cuellos blancos y otras denominaciones, le llegó la hora.
jpm-am

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