Consecuencias expansionismo ruso y el Gran Israel

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EL AUTOR es comunicador. Reside en Santo Domingo.

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Los acontecimientos actuales parecen demostrar que los antiguos imperios se resisten a desaparecer y que algunas potencias pretenden recuperar territorios y zonas de influencia pérdidas. Los conflictos entre Rusia y Ucrania, así como las confrontaciones de Israel con los palestinos e Irán, reflejan esa lucha por el poder territorial y geopolítico, cuyas consecuencias trascienden sus fronteras.

Mientras Rusia procura preservar su influencia sobre el antiguo espacio soviético, determinadas corrientes políticas israelíes promueven aspiraciones territoriales asociadas al denominado «Gran Israel». En ambos escenarios, los intereses territoriales se entrelazan con la seguridad nacional, los recursos estratégicos y la competencia entre las grandes potencias.

El conflicto ruso-ucraniano: la herencia soviética

El Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea, firmado en 2014, profundizó las relaciones políticas y económicas entre ambas partes. Moscú consideró que el acercamiento ucraniano a Occidente, especialmente una eventual incorporación a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), amenazaba sus intereses estratégicos.

Tras los acontecimientos del Euromaidán, la anexión rusa de Crimea y las hostilidades en el Donbás en 2014, la confrontación se agravó hasta que, el 24 de febrero de 2022, Vladímir Putin ordenó la invasión a gran escala de Ucrania.

La aspiración rusa de conservar una esfera de influencia sobre los territorios de la antigua Unión Soviética, constituye un elemento fundamental para comprender esta guerra. Sus consecuencias incluyen pérdidas humanas, destrucción de infraestructura, desplazamientos masivos, sanciones económicas y una transformación de las relaciones comerciales entre Rusia y Occidente. Paralelamente, Moscú ha profundizado sus vínculos con China y Corea del Norte.

El Gran Israel y la confrontación con Irán

En Oriente Medio, determinadas corrientes nacionalistas y religiosas israelíes defienden aspiraciones territoriales asociadas al proyecto del «Gran Israel». Sin embargo, esa visión no representa necesariamente una posición compartida por toda la sociedad israelí.

La guerra en Gaza, la ocupación de territorios palestinos y las tensiones regionales han profundizado la inestabilidad. La rivalidad entre Irán e Israel, por su parte, ha evolucionado mediante enfrentamientos directos, operaciones militares y el respaldo a actores armados regionales.

La participación de Estados Unidos añade una dimensión internacional al conflicto, dada su condición de principal aliado estratégico de Israel. Los ataques contra Irán del 28 de febrero de 2026 intensificaron la confrontación. Las justificaciones militares deben evaluarse a partir de las pruebas disponibles, pues las acusaciones sobre capacidades nucleares no demuestran, por sí solas, la intención de fabricar armas atómicas.

Consecuencias económicas y políticas mundiales

Ambos conflictos demuestran que las guerras regionales pueden desencadenar crisis económicas internacionales. El petróleo y el gas natural son recursos estratégicos cuyo suministro, transporte y precio influyen directamente en la estabilidad de las economías.

La guerra ruso-ucraniana alteró los flujos energéticos, obligó a Europa a diversificar sus proveedores y aumentó las tensiones comerciales. En Oriente Medio, la confrontación amenaza rutas marítimas fundamentales, especialmente el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte importante del petróleo comercializado mundialmente.

Cuando se interrumpe el suministro o aumenta el riesgo del transporte, se encarecen los combustibles, la electricidad y la producción industrial. Estos incrementos pueden trasladarse a los alimentos y otros bienes, alimentando la inflación, reduciendo el poder adquisitivo y frenando el crecimiento económico.

Políticamente, las potencias revisan sus alianzas, incrementan sus presupuestos militares y compiten por mercados, rutas comerciales y fuentes energéticas. Los países importadores, especialmente los más vulnerables, deben afrontar mayores facturas petroleras y presiones sobre sus finanzas públicas.

República Dominicana tampoco escapa a estos riesgos: el encarecimiento internacional del petróleo puede elevar los costos de los combustibles, la generación eléctrica, el transporte y los productos de consumo.

Territorios, petróleo y poder

El expansionismo territorial y la lucha por los hidrocarburos forman parte de una competencia geopolítica en la que las potencias procuran preservar o ampliar su influencia. Sin embargo, ninguna aspiración territorial justifica automáticamente el uso de la fuerza ni elimina las obligaciones del derecho internacional.

Las guerras pueden conquistar territorios, pero también destruir economías y comprometer el futuro de generaciones enteras. Cuando el petróleo se convierte en instrumento de presión y las fronteras en objetivos de expansión, el precio de la ambición de unos pocos termina pagándolo la humanidad.

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