En abril 65 la insurrección popular (cívico-militar) venció en tres días la maquinaria golpista-despótica impuesta por EEUU a través de las derechas, la oligarquía capitalista y la cúpula militar corrupta.
Entonces, EEUU recurrió a su ejército invasor y al bloqueo militar de la revolución triunfante: 42 mil marines reemplazaron el viejo ejército criollo en desbandada, creado durante la invasión del 1916-24.
El eje político-social fundamental de la insurrección popular del 1965 fue restablecer la democracia plasmada en la Constitución de 1963 y en el Gobierno de Bosch, negada por la alianza golpista de EE.UU-oligarquía-partidos de derecha-generales corruptos-Iglesia cavernaria. y
A continuación en el curso de la confrontación se crer un nuevo poder capaz de atreverse a defender su autodeterminación frente a una invasión militar, que finalmente garantizó la imposición de la contrarrevolución imperialista.
Los 60 años posteriores han sido de negación de soberanía, perversión del sufragio y del modelo representativo; sesenta años de desigualdades sociales brutales entronización de la corruptela y degradación política; crisis de salud y educación, violencia de género, negación de derechos fundamentales. profundo deterioro ambiental y tragedias tipo Jet Set.
Es imprescindible, por tanto, un corte o ruptura con ese pasado opresivo y este presente ominoso representado por el régimen del PRM-Abinader, a nombre de un “cambio” que ha tenido demasiado de farsa, privatización del Estado y el patrimonio natural (APPs), procesos de empobrecimiento, endeudamientos onerosos, entrega de suelo y subsuelo valiosos, deterioro de fuentes de aguas, y nuevas modalidades de corrupción y subordinación extrema a un imperio decadente, infectado de neofascismo.

Crisis
La crisis crónica que afecta nuestra nación evidencia que el sistema político-social-institucional impuesto por la invasión militar de los EEUU en 1965, debe ser radicalmente superado; sistema que ha sido reforzado a lo largo de 60 años de recolonización económica y cultural, intensamente deteriorado por el impacto de la globalización neoliberal del capitalismo y la corrupción estatal, ahora estremecido y contaminado por la impronta neofascista.
Urge crear, desde un ejercicio consecuente de soberanía popular, un nuevo sistema; y en tanto abril del 65 es continuidad de la gesta Trinitaria y la epopeya Restauradora -ejemplo y referencia además de nuevas modalidades de insumisión y de poder del pueblo- nos motiva para luchar más y mejor por un nuevo proceso de rescate de la soberanía nacional y unidad cívico-militar, inspirado en la Constitución más avanzada de la historia republicana y en el esfuerzo por refundar la república, construir un Estado realmente democrático y soberano; acompañado de un poder popular transformador como lo fue nuestra comuna caribeña. ¡Marchemos el domingo 27 de abril con esa idea presente!
jpm-am

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