A nuestro juicio no existe otro grupo étnico en el exterior, más desinformado que el dominicano, políticamente hablando.
Como ocurre en otros pueblos, el segmento poblacional que ha emigrado desde República Dominicana a New York entre otras latitudes, no es el más representativo en términos académicos y visión social, en alto porcentaje, lamentablemente, son semianalfabetos y/o analfabetos funcionales. Es por ello el poco interés en actualizarse sobre lo que acontece en el pedazo de tierra que dejaron atrás.
Los que llegan a estas urbes habiendo alcanzado niveles universitarios, entran en muchos casos, en un estado de involución del pensamiento. La gente tiende a estancarse en lo concerniente al desarrollo personal e ideológico, pues a decir verdad, la ciudad de New York demanda mucho gasto de energía y tiempo, debido a las duras tareas laborales, que al final de cada día, deja exhausto al ciudadano, para en la mañana siguiente volver a la misma rutina cotidiana.
Esta monotonía se repite una y otra vez a lo largo de los años, dejando en personas en estado de inanición mental, con un cúmulo de desinformación, que a cualquiera deja absorto.
Sin que sea exageración, nos hemos encontrado con dominicanos de tanta oscuridad mental, que ignoran el nombre del presidente de la república, lo cual implica un sórdido nivel de ciudadanía. Otros no conocen los principales partidos políticos y aunque le parezca extraño, muchos desconocen el período en que se realizan elecciones en la tierra de Duarte. Pero no debe causarle asombro, si al abordar el tema, un tunante cualquiera incurre en hacer un análisis minucioso de la actualidad social y política dominicana. Siempre se ha dicho: nada más osado que la ignorancia.
No es extraño encontrar gente con más de 20 años fuera de su país, pensando que en ese período de ausencia, las cosas han seguido igual que cuando abandonaron la media isla. A pesar del Teleférico, el 911, el Metro, Punta Catalina y otros tantas joyas, muestra del desarrollo alcanzado en los últimos tiempos, del que a penas se enteran.
Mucha gente se queda atrapada en una burbuja de su experiencia pasada, “sin resetear su disco duro”, es por ello que a la hora de elegir un gobernante, no saben la diferencia entre un gobierno y otro. Sería mucho pedir.
El pasado 5 de julio no pudo asistir a las urnas, gente diferente a la que aquí describo. Con una abstención de un 79% se celebraron elecciones extraordinarias en New York, donde a viva voz, los votantes en las filas, presumían el deseo de sacar al PLD del poder. Como no se le puede pedir peras al olmo, es también tarea imposible pedirle a semejantes dominico-pitecus, entender o reconocer la mejor gestión de gobierno realizada en la historia de la república, y en consecuencia seguir respaldándola.
Ese 21% de ciudadanos que hicieron filas e incluso esperaron hasta el medio día, tiempo en que pudieron empezar las votaciones en algunos centros, debido al retraso de la OCLE, ejerció el voto de la ignorancia, el voto de castigo injustificado al PLD, cuyo gobierno sembró esperanza en los rincones más remotos de Quisqueya.
Un voto para sacar del poder a Danilo Medina quien hizo de los apagones, un recuerdo difuso del pasado, a quien encontró 19 mil títulos de tierra entregados hasta el 2012 elevando este monto a más 70 mil títulos entregados, en tan solo 8 años…pero Danilo resultaba fétido a esa clase dominante herida y a la que no le hizo el coro. Resultaba ya odioso a una clase media que oscila entre sus intereses y sus conveniencias. Al PLD no lo sacó el pueblo (no sea usted pendejo), el pueblo ni piensa, ni dirige procesos. Lo sacaron los ricos del país, con un guion escrito, modificado y ensayado, durante más de diez años.
Guardando la distancia, me atrevería a decir que lo acontecido con Danilo Medina remembra en cierto modo, la desdicha sufrida por el Nazareno, quién según narraciones bíblicas, después de hacer y predicar el bien, fue recibido con lauros un domingo de ramos, por un pueblo henchido de emociones. 5 días más tardes, un viernes, fue sacrificado en una cruz bajo la homínida consigna de: ¡crucifícale!
Así son los pueblos, cuando sus mentes se torna incapaces de entender la realidad objetiva.
janjanvive@gmail.com


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