Esa gesta que ennobleció y ennoblece a quienes tuvimos el honor de participar en ella, en primera o en la última línea de batalla, tiene que ser defendida ante ataques mendaces e interesados no sé en qué, a menos que no sea en desinformar, con fines de borrar la historia aún reciente.
Cuando alguien ofenda el constitucionalismo de 1965, encontrará mi voz, humilde, pero decidida y vibrante, aclarando, explicando, desbrozando, la basura que se arroja contra el luminoso tiempo en que lo más representativo del pueblo dominicano, del pueblo dominicano aclaro, hizo honor a los versos imperecederos de Emilio Prud Homme: “Más Quisqueya la indómita y brava/ siempre altiva la frente alzará/ que si fuere mil veces esclava/otras tantas ser libre sabrá”.
Frente al poder de fuego de la guardia: tanques de guerra, aviones de última generación y barcos con capacidad para disparar cañonazos y hacer daño, el pueblo unido demostró que no será vencido.
Ese poder fue enfrentado con el pecho, el amor a la Patria, la solidaridad leal y sólida que sólo poseen los humildes, los nobles, los buenos de corazón; con piedras, con garrotes, con cuchillos, machetes, y con la audacia de verdaderos soldados, derrotamos los ametrallamientos de la Fuerza Aérea, el bombardeo de la Marina de Guerra y el avance de las bien entrenadas tropas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas.
¡Qué va! les faltaba corazón, patriotismo, defender un ideal. Actuaban como autómatas a quienes sus jefes les dijeron: ataquen, maten, asesinen, saqueen. Les faltaba una motivación superior a cumplir órdenes de jefes acostumbrados, a la buena vida que produce la corrupción.
No, Ubi, el Movimiento Constitucionalista es un momento luminoso y muy elevado, al cual le resbala una opinión tan pedestre como la que emites en esta oportunidad, pero no se debe dejarla pasar sin darle por la boca.
Sí dejamos nuestra huella, nuestro ejemplo, sí cumplimos con nuestro deber, basta con ver lo ocurrido en el país después de que en 1978 terminara la situación de guerra, con la salida del poder político y militar de los que lo ejercieron por órdenes de sus padrinos del gobierno y del Pentágono de los Estados Unidos, quienes los eligieron y mantuvieron durante 12 largos años, de crímenes de Estado, abusos, robos.
De entonces acá, dos de los principios constitucionalistas del 1965, se cumplen: el respeto a las libertades públicas y a la apariencia de institucionalidad.
JPM/of-am
El país y Juan Bosch: Los grandes perdedores de la guerra abril 1965
El país y Juan Bosch: Los perdedores de la guerra abril 1965 (2 de 2)


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