El inesperado y dramático giro, que como consecuencias del COVID-19, ha dado el mundo, y por ende la Republica Dominicana, nos obliga a los dominicanos a una profunda reflexión que debería conducirnos a poner en pausa los intereses particulares y colocar en primer lugar el supremo interés nacional.
El panorama que inexorablemente se cierne sobre la nación en el futuro inmediato será sin dudas de enormes dificultades económicas, sociales y políticas, probablemente de una magnitud sin precedentes en nuestra historia como nación.
Ante el umbral de un cuadro tan cargado de incertidumbre y preocupaciones, elegir como presidentes a aspirantes sin la más mínima y elemental experiencia en el manejo de crisis y complicados asuntos de estado, que no han sido ni siquiera regidores de un pequeño y apartado municipio del país, no solo equivaldría a jugar a la ruleta rusa sino sería, además, un verdadero salto al vacío.
Resulta atípico, ilógico e irrazonable poner una gran aeronave con más de diez millones de pasajeros a bordo, en la temblorosas manos de un piloto novato, que los más probable es que, ante una leve turbulencia, desactive el piloto automático y entonces sí exponga a los pasajeros a una verdadera situación de desastre, teniendo el país un experimentado piloto, como el Dr. Leonel Fernández, que condujo esa misma aeronave durante 12 años, conoce la ruta y sabe dónde subir y bajar la altura o aumentar o disminuir la velocidad.
Es un axioma que en el mundo, en lugar de generosidad, ayuda y colaboración internacional, lo que viene es proteccionismo y una especie, de sálvese quien pueda. Ante estas expectativas, los dominicanos estamos en el deber de entender que esta pandemia lo ha cambiado absolutamente todo y que nos encontramos atravesando tiempos críticos y difíciles, con una antesala que presagia condiciones hasta apocalípticas, de las cuales no sabemos su duración ni su alcance final.
Al votar masivamente por el Dr. Leonel Fernández, los dominicanos daremos un hermoso ejemplo de madurez, y hasta de patriotismo, pues en estas circunstancias la nación no puede darse el lujo de prescindir de la experiencia y la probada capacidad de la mente mejor dotada de este continente, que sin duda lo es el Dr. Leonel Fernández.
Pero si las pasiones políticas y los intereses individuales obnubilan la mente y el pensamiento de los dominicanos, nos acusará la historia, como un mudo testigo de excepción.


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