pues la política la hacen los políticos y los de aquí padecen el
síndrome del cortoplacismo y las consecuencias las sufren la
administración del Estado y los partidos políticos. Los efectos se
sienten en el menoscabo de programas en favor del bienestar del
pueblo.
El cortoplacismo (corto+ plazo+ismo) es un trastorno del entendimiento
que les impide a nuestros líderes ver más allá de lo inmediato. El
estadista –se ha dicho- piensa en soluciones para todos y de largo
alcance, el político común busca salidas para grupos y hasta para un
individuo y con efecto inmediato. Aquí carecemos de estadistas.
Aunque el mal es endémico, el cortoplacismo se ha hecho crónico en
el año 2019. Y se ha expandido tanto como el dengue, que es una
consecuencia de la visión a corto plazo en políticas sanitarias. La
máxima demostración fue la fallida intención de alterar la
Constitución para que Danilo Medina fuera de nuevo candidato
presidencial.
Al costoso y afrentoso espectáculo dado por afiebrados seguidores del
presidente Medina se le unieron efectos colaterales del fenómeno como
la argumentación en favor de juntar las elecciones municipales con
las presidenciales y legislativas. El cortoplacismo afecta la visión,
aunque no el órgano de la vista.
Sucede que en 2010, los líderes nacionales sintieron cierta mejoría
en su quebrantado entendimiento. Reformaron el texto constitucional y
una de las novedades introducidas consistió en celebrar las
elecciones a cargos municipales en febrero del año correspondiente y
que las autoridades electas tomaran posesión el 24 de abril, día de
los ayuntamientos.
Líderes y legisladores aprobaron eso y aún no se cumple, pues es a
partir de 2020, y cuando falta un año para que la disposición sea
aplicada, quieren modificarla y descubren e los costos que podrían
ocasionar. Esos mismos líderes alteraron la Constitución en 2015 y no
se les ocurrió proponer el cambio que quieren ahora.
A ellos no les preocupa que los perciban como cortoplacistas, que
“solo piensan en Santa Bárbara cuando truena”. No les atormenta que la
gente observe que ellos solo actúan por objetivos inmediatos. No les
ruboriza exhibirse reclamando cuestiones que a pocos interesan. Por
ejemplo, rehabilitar políticamente a Medina.
Nuestros líderes ignoran – o quieren ignorar- que la historia se
escribe cada día, que sus actos se registran y queda constancia para
la posteridad. En política se hace y se deshace, cada situación
demanda un tipo de acción, cada problema un tipo de solución, cada
momento un tipo de líder. Los líderes cortoplacistas deben entrar en
desuso.

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