La salida a las crisis políticas no debería en todo momento responder a puras negociaciones, como ha sido la norma y el hábito hasta ahora.
Pero esa es la realidad que tenemos por delante. Ese es el devenir que nos ha legado la historia y hay que vivirlo y hasta padecerlo en vista de que no hemos, aunque mucho avanzamos ya, alcanzando el pleno desarrollo institucional que reclaman los tiempos actuales.
Estas salidas con apaga fuegos de por medio, es decir, personalidades que se ofrecían como mediadoras recuerdan los traumas del pasado que aportaron una gran cuota de incertidumbre al país en razón de la obstinación y el encerramiento de algunos de los protagonistas antagónicos y su profundo ego.
El orgullo, ciertamente, les bloqueaba la humildad, que es una rara condición humana, dada al desborde pasional, el imponía un muro enorme a cualquier salida fácil y práctica.
Hay que tomar en cuenta, además, que estábamos ante intereses poderosos en juego, como casi siempre sucede.
Hoy en día, los intereses persisten porque el ser humano es fundamentalmente un animal político, es decir un zoon politicón, como lo definiera Platón en la Grecia clásica. Es un manejador de situaciones no todas esperadas y no todas bienvenidas.
En la República Dominicana hemos ido aprendiendo, no sin tropezones y no sin muchos escollos y obstáculos, a buscarle remedio a esos conflictos cíclicos pautados por el error, por la visión estrecha de los acontecimientos, por resentimientos y hasta odios personales.
Hemos visto recientemente, como una crisis que atravesara el Partido de la Liberación Dominicana, en el gobierno y por ello, riesgosa en términos de poder, tuvo una salida airosa y a tiempo.
Una gran cuota del éxito de esa coyuntura políticamente apremiante en medio de un año preelectoral y en un clima que presagiaba situaciones imprevisibles, se le debe, en justicia, a la ecuanimidad, la paciencia, la discreción y la capacidad negociadora del presidente Danilo Medina.
Sería una mezquindad no otorgarle el reconocimiento debido a esas gestiones mesuradas y a tiempo del presiden Medina con las que desarmó rumores, presentimientos bruscos y actitudes de rebeldía innecesarias.
Con ese comportamiento, el político en acto, realista y situado, que es Danilo Medina, les dio a sus contemporáneos una lección de gestión efectiva y de que se mantiene, en todo momento, con los pies sobre la tierra.
Ahora, cruzada la creciente y v vuelto el oleaje a su cauce y las aguas a su habitual mansedumbre, se impone continuar el trabajo recio que pide a sus gobernantes, a los políticos, a todos los actores sociales, para hacer avanzar el país hacia metas positivas de desarrollo por la que espera una gran mayoría de los dominicanos. Manos a la obra!


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