La palabra es un instrumento de muy delicada administración, y para validez certeza y confirmación me atrevo a expresar, que sin palabras fingidas, dulces y agradables, que establezcan un equilibrio en el trato de unos hombres con otros no habría conversación sana y diáfana posible.
El que es capaz de escribir artículos y hasta libros, teniendo que inventar una introducción y una despedida, grosera, insultante, calumniosa e inadecuada, comete un ultraje a las buenas costumbres.
Es cobarde y de muy mal gusto e insolente, divulgar los secretos íntimos de las partes progenitoras de la mujer o del hombre. La discreción debe existir en toda persona consciente, seria y bien educada.
Debemos alejarnos de los payasos o cómicos y artistas dominicanos, que creen hacen reír por sus palabrerías ridículas, por su inconsciencia, por su pobreza de espíritu, y por su falta de sentido común.
Las buenas maneras, como las buenas costumbres, no son formadas ni impuestas por la ley, y quizá eso explica que la mala educación resulta tan desastrosa para la convivencia de los dominicanos.
Las buenas maneras son el alma misma de la existencia humana. Son la conducta que mejora la vida de los demás y eventualmente la nuestra. Son la consecuencia de una actitud sensata.
Lo esencial en las buenas maneras es la buena apariencia, de un verdadero mensaje de esperanza.
Si usted no tiene el privilegio de escribir bien y estar dotado de formación y de gracia espiritual para llegar a lo más íntimo del alma y del corazón por la belleza de sus escritos y florido lenguaje, no debería escribir y publicar trabajos de muy bajo valor cultural.
Es así como se ilustra a los hombres, a aquellos que no pueden adquirir otros conocimientos que los obtenidos en libros y panfletos baratos de ningún interés literario ni ningún valor educacional.
jaimeu_fl@icloud.com
jpm-am


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