El prestigioso historiador César Herrera Cabral (fallecido hace muchos años) alimenta la idea de que Rafael Leónidas Trujillo Molina logró la plena independencia de República Dominicana. Compara su acción de recuperar las aduanas con la Guerra de Independencia y la Guerra de la Restauración.
De esa forma, este historiador confiere razón, en parte, a quienes elevan, ensalzan a Trujillo como “Padre de la Patria Nueva”.
Don César plantea que el hecho de que las aduanas tuviesen en poder de Estados Unidos el Estado dominicano existía a medias porque se había menguado su soberanía.
Para sustentar su tesis, Herrera recordó el trastorno que fue para República Dominicana, debido a que, durante los años 1912, 1914 y 1916, las autoridades norteamericanas manipularon, “amenazaron suspender, y suspendieron los pagos” que debía dar la Receptoría General de Aduanas al gobierno dominicano.
Al tener EE.UU. en su poder la principal fuente de recaudación, cuando las autoridades dominicanas tomaban una decisión que afectaba los intereses norteamericanos, dejaban de entregar los recursos al Estado dominicano. Eso desequilibraba el gobierno, que a veces no tenía ni para pagar la nómina de sus empleados.
“El Tratado Trujillo-Hull es de tan alto valor histórico como las guerras de Independencia o de la Restauración, porque en ese acuerdo memorable se completa e integra la soberanía nacional y adquiere el Estado dominicano la plenitud de sus funciones políticas y se completa el tortuoso proceso de la formación nacional”, dice Herrera.

Narra que el 28 de agosto de 1940 “el presidente Manuel de Jesús Troncoso de la Concha confirió plenos poderes al generalísimo Trujillo, como Embajador Extraordinario en Misión Especial”; y así visitar Washington, capital de Estados Unidos, donde el 24 de septiembre de ese año firma el histórico Tratado Trujillo-Hull (Secretario de Estado Cordell Hull). El convenio fue ratificado por el Senado norteamericano, el 15 de febrero de 1941.
La transferencia de las funciones de la Receptoría a las autoridades dominicanas se efectuó la mañana del primero de abril de 1941, en un acto en el muelle del puerto principal de Ciudad Trujillo, que es como se llamaba Santo Domingo en esa época.
Troncoso de la Concha (presidente títere de Trujillo), acompañado de todos los altos funcionarios, procedió a enhestar, como símbolo de plena soberanía, la Bandera Nacional en la Puerta de San Diego, principal vía de acceso a la zona portuaria. Un batallón del Ejército rindió los honores de rigor.
El último receptor general norteamericano fue el señor Thomas Pearson; y el Gobierno dominicano designó como primer director general de Aduanas a don Horacio Pérez Licairac.
Fuentes: Archivo General de la Nación y la obra “De Hartmont a Trujillo”, autoría del historiador César Herrera.
JPM

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