POR OSVALDO PEÑA GARCÍA
Hay hombres cuya grandeza no se mide por los cargos que ocuparon ni por los honores que recibieron, sino por la firmeza con que defendieron sus ideales en los momentos más difíciles de la historia. Toribio Peña Jáquez fue uno de esos dominicanos excepcionales. Su vida estuvo marcada por el sacrificio, la coherencia y el compromiso con la libertad, valores que hoy merecen ser recordados y honrados por las presentes y futuras generaciones.
Para mí, este homenaje tiene, además, un profundo significado familiar. Toribio Peña Jáquez formó parte de una rama de mi familia, pues era sobrino de mi abuelo, Arturo Peña. Esa cercanía familiar me permite sentir un legítimo orgullo al evocar la vida de un hombre que decidió anteponer el bienestar de la nación a su propia seguridad personal.
Nacido en el seno de una familia humilde, enfrentó desde muy temprano las dificultades económicas que obligaron a muchos dominicanos de su generación a abandonar los estudios para incorporarse al mundo laboral. Sin embargo, las limitaciones materiales jamás lograron frenar su deseo de superación. Mediante el estudio autodidacta y su formación técnica en telecomunicaciones, construyó una trayectoria profesional basada en la disciplina, la dedicación y el esfuerzo.
Su vocación patriótica surgió en tiempos convulsos para la República Dominicana. Se integró a las luchas contra los remanentes del trujillismo y militó en el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, abrazando las causas de la justicia social y la soberanía nacional. Más adelante, participó activamente en la Revolución Constitucionalista de Abril de 1965, asumiendo responsabilidades de liderazgo dentro de los comandos revolucionarios.
Durante los difíciles años posteriores, caracterizados por la persecución política y la confrontación ideológica, Toribio Peña Jáquez mantuvo su compromiso con sus convicciones. Las circunstancias lo llevaron al exilio y, finalmente, a Cuba, donde pasó a formar parte del grupo de combatientes que acompañaría al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó en la histórica expedición de Playa Caracoles.
La madrugada del 3 de febrero de 1973 desembarcó junto a ocho compañeros en las costas de Azua, como parte de uno de los episodios más trascendentales de la historia política dominicana contemporánea. Aquella expedición, encabezada por Caamaño, tenía como objetivo abrir un frente guerrillero contra el gobierno de Joaquín Balaguer.
El destino quiso que, en medio de la oscuridad y de las difíciles condiciones del desembarco, Toribio Peña Jáquez quedara accidentalmente separado del resto del grupo. Distintas investigaciones y testimonios históricos coinciden en que posteriormente logró llegar a Santo Domingo y establecer contacto con personas vinculadas a la estructura de apoyo de la expedición.
Mientras tanto, la guerrilla fue perseguida y prácticamente aniquilada. La mayoría de sus integrantes perdió la vida durante aquellos acontecimientos. De los nueve expedicionarios originales, solamente sobrevivieron Toribio Peña Jáquez, Claudio Caamaño Grullón y Hamlet Hermann Pérez.
La historia dominicana recuerda a Toribio Peña Jáquez no solo por haber sobrevivido a la expedición de Playa Caracoles, sino también por haber mantenido la dignidad de un hombre que actuó conforme a sus principios. Su vida simboliza la perseverancia de una generación que soñó con una República Dominicana más justa, libre y democrática.
Hoy, al rendirle homenaje, no solo evocamos al combatiente y al revolucionario. También recordamos al ser humano, al familiar y al hombre sencillo que nunca permitió que las adversidades apagaran su fe en el futuro del país. Su ejemplo nos invita a reflexionar sobre el valor de la responsabilidad cívica, la integridad moral y el profundo amor por la patria.
Como descendiente de la familia Peña y dominicano comprometido con la preservación de nuestra memoria histórica, considero un deber mantener vivo el legado de Toribio Peña Jáquez. Su nombre forma parte de la historia nacional y también de la historia de nuestra familia. Ambas merecen ser recordadas con respeto, gratitud y orgullo.
¡Honor y gloria a la memoria de Toribio Peña Jáquez! Patriota dominicano, luchador incansable y hombre de firmes convicciones, cuyo legado continúa inspirando a quienes creen en la libertad, la justicia y la dignidad humana.
of-am

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En su justa dimensión, este es un escrito de primera, porque Toribio Peña Jáquez, fue un valiente guerrillero que pisó territorio dominicano junto a un grupo de compatriota dirigido por el Coronel de Abril del 1965, Francisco Alberto Caamaño Deñó,
para defender la patria de Duarte, Sánchez, Mello y Luyeron, que en los momentos de los 12 años del balaguerato, Toribio Peña Jáquez, prefirió coger el fusil, para enfrentar al gobierno criminal del balaguerato.
Luperón.
Pienso que es justo recordar al guerrillero andante que supo con todos los momentos difíciles que pasó, el guerrillero Toribio Peña Jáquez, en cruzar todos los cercos que tenían, los militares asesinos del balaguerato y Peña Jáquez, lograr romper,
los diferentes cercos militares y lograr llegar a la Capital de Santo Domingo vivo, pues, ese otro gran valor que, se le debe adjudicar a TPJ, en el trajín de su vida guerrillera.
Finalmente, un minuto de silencio al heroico guerrillero Toribio Peña Jáquez, por sus hazañas que le dedico a nuestro país, mientras estuvo, en vida y al servicio de la República Dominicana.