Timoteo Ogando Encarnación fue uno de los pocos dominicanos que fueron combatientes en tres escenarios bélicos de gran resonancia: las luchas de consolidación de la Independencia Nacional, la Guerra de Restauración y las acciones bélicas contra el gobierno de los Seis Años de Buenaventura Báez, funesto personaje que pretendió anexar el país a los Estados Unidos de Norteamérica.
Apodado el Centauro del Sur. Nació el 31 de julio de 1818 en un lugar llamado Pedro Corto, entonces un caserío al oeste de San Juan de la Maguana y ahora distrito municipal. Pertenecía a una numerosa familia (12 varones y 2 hembras). Varios de ellos fueron guerreros tenaces por la libertad dominicana. Sus padres, Juan Ogando Montero y María Catalina Encarnación, siempre apoyaron sus luchas patrióticas.
Doña Catalina era una madre coraje, antes de que en Cuba así llamaran a Mariana Grajales, la progenitora de los 9 hermanos Maceo Grajales, de los que fueron generales del Ejército Libertador Antonio (El Titán de Bronce); José, llamado El León de Oriente y Rafael, alias Cholón. Vale recordar que ella era descendiente de dominicanos emigrados a la isla mayor de las Antillas.
Timoteo, Andrés y Benito Ogando Encarnación alcanzaron el rango de general; otros fueron oficiales que participaron en diversas luchas contra invasores haitianos o anexionistas españoles y criollos o soldados y paramilitares (estos últimos dirigidos en el sur por unos sicarios apodados Baúl y Solito) que operaban por órdenes de Báez, en uno de sus gobiernos abominables, el llamado de los Seis Años.

De Timoteo Ogando Encarnación se escribió con atino (en una obra reveladora) esta verdad maciza: “Infatigable y benemérito soldado de la causa de su patria. Legendario y emblemático combatiente sureño, de larga y rectilínea trayectoria al servicio de las mejores causas”. (Diccionario biográfico de los restauradores de la República. Impresora Amigo del Hogar, 2007. P.219. Rafael Chaljub Mejía).
El historiador Alcides García Lluberes, y después otros estudiosos de la vida de ese ilustre sanjuanero, han coincidido en calificarlo como el Páez de Pedro Corto. Dicho eso para recordar las hazañas del prócer venezolano José Antonio Páez, quien bajo las orientaciones iniciales de Simón Bolívar (El Libertador) se convirtió en un gran líder militar y político de su país, del cual fue presidente más de una vez.
Son muchos los actos de valor de Timoteo Ogando. Esquivando peligros pudo llegar el 3 de julio de 1861 hasta donde estaba herido (entre otros patriotas) Francisco del Rosario Sánchez, en un codo de la Loma Juan de la Cruz, en el extrarradio del poblado de El Cercado, ofreciéndole la posibilidad de salvar su vida llevándolo en su caballo por los trillos y atajos de esa zona que él conocía de sobra.
El 5 de diciembre de 1864 el general Timoteo Ogando Encarnación participó en la batalla de La Canela, cerca de Neiba, donde fueron derrotados los anexionistas. Fue herido allí, pero eso no menguó su espíritu de lucha, como se comprueba por sus hechos posteriores, consignados en la historia nacional.
Enfrentó al referido régimen de los Seis Años (1868-1874) desde el principio hasta que cayó. “El General Timoteo Ogando, acompañado de varios generales, se sublevó en la provincia de Azua, y la guerra se hizo general contra Báez, que no había olvidado su vicio de fusilar y asesinar a sus contrarios”. (Notas autobiográficas. Tomo II. P.347. Edición Central de Libros, 1992. Gregorio Luperón).
Fue considerado por uno de los grandes héroes de la Restauración, Gregorio Luperón, como “el primer guerrillero del sur.” Y dijo más el ilustre puertoplateño: “La revolución en el Sur bajo la dirección del General Timoteo Ogando ganaba terreno y considerable número de prosélitos”. (Ibídem. Pp.110 y 121).
Vale recordar que en una comunicación del 14 de noviembre de 1868, enviada desde la isla caribeña de Saint-Thomas, Luperón le informó a Timoteo Ogando Encarnación, en su calidad de jefe de operaciones en el sur, sus diligencias en el exterior para derrocar a Báez. Esa información fue una prueba más de la alta valoración que le daba como patriota integérrimo.
En Boca de Cachón, al oeste del pueblo de La Descubierta, protagonizó un hecho bélico y derrotó a una cáfila de los baecistas. Tal vez (entre otras acciones) por lo que allí ocurrió fue que en la novela Pablo Mamá, de Freddy Prestol Castillo, se le describe así: “Ahora Timoteo volaba sobre el sinuoso camino, sonoro, de trotes agitados. Iba callado y endurecido como los paisajes de aquella tierra brava”.
El imbatible general Timoteo Ogando Encarnación tenía 90 años cuando murió en su cama, en la ciudad de Santo Domingo, el 11 de junio del 1908. En ese momento final estaba ejerciendo una suerte de lo que se conoce como el reposo del guerrero. En él, por el peso de la edad, era un descanso sin posibilidad de volver a la peligrosa faena de la manigua.


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