Sobre herencia y crimen (3 de 6)

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El autor es abogado. Reside en Santo Domingo

 El factor hereditario juega un rol preponderante precisamente en la génesis de lo que constituye el fenómeno de la predisposición al crimen, que puede ser genérico o específico y que se resuelve prácticamente en una más grande probabilidad de cometer ese crimen hasta bajo la influencia de instigaciones criminógenas que quedan debajo del grado determinando sobre la masa.

Al parecer, al lado de una herencia criminal proviniendo principalmente de la psicopatía, del alcoholismo, de la tuberculosis, de la sífilis y de factores  diagenética en general, existe una herencia criminal, que consiste precisamente en la trasmisión de una diátesis criminal y de tendencias específicas; todo esto es demostrado por ciertos árboles genealógicos que no dejan ninguna duda en cuanto a una herencia de ese género (asesinos descendientes de asesinos, ladrones de ladrones, estafadores de estafadores, prostitutas de prostitutas, etc.).  

Particularmente importantes son las investigaciones efectuadas por los sabios, principalmente americanos y alemanes, sobre los mellizos tanto monovalentes como bivalentes. Según el profesor Lang,   los gemelos monovalentes, en la acción criminal, se conducen de una manera concordante, mientras que los gemelos bivalentes de una manera preponderante discordante.

Por esta razón, el maestro Lang cree poder afirmar que el factor disposicional ejerce una acción predominante sobre la determinación de la criminalidad. De su lado, Stumpfl confirma esta concepción y precisa que los mellizos, y sobre todo los muchachos, despliegan una grave actividad antisocial casi igual.

Basándose en otras investigaciones efectuadas por  Exner, Krantz, Riedel, etc., los sabios alemanes han llegado a la conclusión que los estudios sobre los mellizos monovalentes confirman la existencia de disposiciones hereditarias especiales a la criminalidad.

Esos resultados confirman igualmente lo que ha sido desde mucho tiempo afirmado por otros especialistas relativamente a la transmisibilidad hereditaria de la predisposición a la criminalidad), que debe ser consideradas como una posibilidad más grande de devenir criminales y no como un predestinación; en efecto, el destino de esta predisposición es ligado a la condiciones de ambiente en los cuales el individuo vive y se desarrolla.

Se puede pues aceptar las conclusiones de los diferentes autores, en reconociendo que el factor “disposición” no basta a desarrollar la criminalidad; sobre ella, en efecto, el sector ambiente ejerce una acción todo bien determinante, por el hecho que los dos factores actúan juntos, y su acción no es comprensible que si se admite una acción recíproca de influencia.

En fin, siempre en el sector de la herencia criminal, hay lugar a recordar lo que Gemelli ha oportunamente señalado a propósito de la frecuencia con la cual, aun en los criminales, más que de herencia se debe hablar de pseudo-herencia.

Esta es debida a la influencia ejercida por el medio a través los padres, esto es a esta particular influencia conocida bajo el nombre de inducción que puede ser paralela o no paralela.

No se puede, ciertamente, más dudar de la importancia que revista, en un gran número de casos, el medio, considerado en el sentido más amplio, en el desarrollo de los caracteres de semejanza entre padres e hijos; ejemplo: una conducta criminal que, en repitiéndose de generación a generación, es más ligado al ambiente ya las condiciones particulares, étnicas que a las verdaderas y propias disposiciones hereditarias.

Ese problema  de la pseudo-herencia es tanto más interesante lo que se adjunta al de la herencia de los caracteres adquiridos, y a todo lo que es llamado bajo el nombre de asténico,  esto es, a todo lo que concierne la influencia ejercida por el medio (natural, higiénico, psíquico) sobre el desarrollo de la personalidad humana.

Todo esto confirma que no se puede aceptar una interpretación puramente biológica o puramente sociológica de la criminalidad y que es cada vez más necesario de considerar ese fenómeno en virtud de un criterio unitario de correlación donde el hombre es considerado en la totalidad de su existencia que es siempre ligada a la herencia y al ambiente, es decir en virtud de un criterio netamente antropológico.

Basándose sobre semejantes concepciones, aparece que es extremado difícil, para un especialista llamado a investigar las causas del crimen  sobre todo a precisar la dinámica y el proceso crimino-genético de las distintas acciones criminales, de colocar límites entre lo que es biológico y lo que es psicológico, entre lo que es psicológico y lo que es sociológico; en efecto, toda acción individual, sobre todo si ella presenta un carácter excepcional como tal es el caso de las acciones criminales, es siempre la expresión de la personalidad completa, y por consiguiente de lo que se refiere tanto al temperamento que al carácter, como lo que es consciente y lo que es inconsciente. 

La actividad criminal tiene profundos y vastas raíces en el sector biológico, representado por las funciones vegetativas, humorales,  nerviosas, y por el cerebro subcortical donde nacen las disposiciones instintivas, las tendencias afectivas, las necesidades y las instigaciones; ella recibe del entorno las incitaciones criminógenas que, en interiorizando, se transforman en razón de actuar en un sentido antisocial y criminal. 

jpm-am

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Guaconejo
Guaconejo
10 meses hace

solo cristo rompe las cadenas de las maldiciones generacionales.!