El Gobierno ha respondido con prontitud, eficiencia y éxito ante la emergencia mundial del coronavirus. Pero, para que la gente perciba al Gobierno como bueno, para que sus resultados beneficien al país, en el corto y en el largo plazo, se requieren acciones claras, precisas, dedicadas a la solución de dos o tres problemas fundamentales.
Una buena parte de nuestros problemas es que cada cuatro años nos inventamos un nuevo país.
Los gobiernos no resuelven la falta de agua potable, un servicio confiable de energía, el autoabastecimiento de alimentos, la diversificación de la producción agropecuaria y forestal, un servicio de Salud de calidad, regular el tráfico y tránsito, educación que capacite a niños y jóvenes en oficios tales como plomería, ebanistería, pintura de carros, carpintería, electricidad automotriz y residencial, recogida y disposición de la basura.
Hay que insistir: no debemos continuar la aplicación del refrán que dice cada maestro tiene su librito, puesto que la práctica nacional ha demostrado que no da los resultados que se ofertan.
Hay que ser muy tozudos, torpes o escasos de imaginación, para que actuemos como aquel refrán que reza: tiguerito que jiede y pelea por su vaho.
Ello no significa que se desatiendan los cuchumil asuntos que requieren la atención del Gobierno, no, es que se prioricen los asuntos y haya mayor dedicación para resolver algunos reclamos de siempre.
Hay la queja de que mientras el Presidente anda en un patín, de aquí para allá, buscando, disponiendo, consensuando, trabajando sin hiel, varios departamentos andan a velocidad de descanso. También se percibe que a varios funcionarios el puesto les queda grande, como que tienen miedo de actuar pese a que la acción del Gobierno, en conjunto y en detalle, está contenida en la Constitución y en las leyes.
Hay la queja de cuellos de botella que almacenan expedientes o por falta de capacidad de los titulares o porque carecen de iniciativa y quieren que el Presidente opine y decida asuntos que le incumben al funcionario timorato. Así no debe ser.
El Cambio por el cual votó el país fue, entre otras cosas para la descentralización de la administración, para hacer eficiente la acción gubernamental que mira más hacia atrás, para culpar a las autoridades pasadas cuando nos debemos dedicar a cubrir su inoperancia.
Ciertamente, los problemas y las carencias de nuestra sociedad no son de hoy, pero es bueno recordar aquel refrán que dice «quien mucho abarca poco aprieta».
Es preciso afinar la puntería sobre dos o tres problemas fundamentales y encaminar los mayores esfuerzos para solucionarlos, así, mañana, al término del Gobierno que el pueblo pueda decir, orgulloso, el sistema de energía pública es eficiente, el autoabastecimiento de alimentos es una realidad, la salud está bien manejada y la educación está encaminada a capacitar a los jóvenes en carreras técnicas.
Con esa política el Cambio habrá sido un éxito

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