Estamos en la hora de las grandes definiciones. Nuestro país vive momentos decisivos que van a definir su rumbo y su destino. Esto significa que hay que estar claros y tener los conceptos que nos ayudarán a entender la situación en la que nos encontramos, estableciendo las relaciones causales entre los acontecimientos que se van produciendo, a fin de descifrar los planes que se esconden detrás.
Dicen, con toda la razón del mundo, que muchas veces lo no se ve es más importante que lo que la vista puede apreciar. Y de eso se trata, de desvelar la estratagema, de descubrir la trampa, la celada que se busca tender para decidir la jornada, y ver con anticipación hacia dónde conducen los planes non santos que se pueden están tramando.
En la política nada sucede al azar, todo obedece a un frío cálculo que busca provocar un efecto deseado. Partiendo de esta premisa, hemos visto que el Gobierno y el Partido Revolucionario Moderno, PRM, han emprendido un tenaz y furibundo ataque contra el bloque opositor, y las fuerzas políticas que en diferentes grados están ligadas al boschismo.

Es en este contexto, donde hay que ubicar la narrativa y los intentos del gobierno perremeista, que busca socavar y crear cizaña dentro de los esfuerzos aliancistas para mantenerlo desunidos, con la finalidad de que la oposición, y el boschismo especialmente no pueda volver a sacar cabeza, y así el gobierno ganar por minoría. De ahí que el PRM y el candidato releccionista se esfuerzan para que, si la oposición finalmente decide ir aliada que sea una alianza debilitada e inofensiva, sin la fuerza suficiente para poner en peligro la reelección del candidato presidente.
Por ello busca mantener la confrontación, creando la desconfianza entre las partes, odios e intrigas dentro del bloque opositor, específicamente entre el FP-PLD, a fin de evitar que pueda producirse una alianza compacta en los niveles en que están actualmente planteados. Para ello el gobierno utiliza distintas técnicas de presión con el fin de evitar que esto suceda.
Se trata de una alianza conformada alrededor del principio de GANAR-GANAR, en el que todas las partes ceden en algo para ganar algo mayor en beneficio del colectivo de las organizaciones que representan, tanto a nivel legislativo, municipal y hasta el presidencial si es que una de estas organizaciones no se va en primera vuelta.
Así las cosas, vemos que el PRM maquina y ansia enfrentarse a una oposición débil y dividida entre los tres partidos PRD-FP-PLD, especialmente estos dos últimos, dos partidos que tienen raíces y un tronco común afincados en el boschismo, cuyos ideales y principios buscan ser borrado de la historia política dominicana por parte de los nuevos inquilinos de la casa de Gazcue.
Dado que dichas organizaciones tienen en el boschismo un vínculo común fuerte que en el fondo los une, aunque en la superficie se vean muy separados e irreconciliables por heridas recientes, nadie quita que, si ambos se ven en el espejo de sus orígenes boschistas y se reconocen aspiracionalmente como tales, pueda tejerse entre ambas fuerzas, FP y PLD, un frente común para enfrentar los embates del perremeísmo gubernamental que busca destruir, no estos partidos, sino al boschismo como paradigma de la política y el buen gobierno en la Republica Dominicana.
Y ese plan de destrucción no es una quimera, una suposición o una elucubración política sino una realidad que está en marcha y un plan que está en ejecución. Es así como hay que ver y traducir el patrocinio y el incentivo del transfuguismo y la compra de alcaldes y legisladores por parte del gobierno desesperado ante su creciente pérdida de popularidad.
Todo parece indicar que ciertos grupos dentro del PLD no han entendido bien esto, aunque otro sector sí parece que ya lo entendió. Sin embargo, en la FP, un poco más práctico, comprenden perfectamente esta situación. De modo que, al embestir al frente opositor, el PRM busca aprovechar las debilidades per se de una oposición dividida, para ellos posicionarse mejor electoralmente.
Ojalá que en las filas del PLD y de la FP todos se tomen ideológicamente el tónico reconfortante y energizador que constituye el boschismo, como elemento catalizador de mejores y esperanzadores procesos políticos, a fin de evitar de que el PRM se pueda salir con las suyas en el próximo torneo electoral del 2024.
jpm-am


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