Por LUISA SÁNCHEZ
¿Quién iba a pensar aquel 21 de enero del año 1939, cuando un grupo de exiliados dominicanos se reunió en El Marianao, La Habana, Cuba, para fundar el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). que ya, un año y diez meses antes, específicamente el 6 de marzo de 1937, había nacido un niño en la Loma del Flaco, República Dominicana, en medio de la pobreza, y que ese niño al que llamaron José Francisco, llegaría a convertirse luego en el máximo líder de ese partido?.
Con una capacidad irrepetible de convocar a las masas, fue el único en la historia política dominicana reconocido a nivel nacional e internacional, particularmente en Europa, Estados Unidos, América Latina y el Caribe como uno de los grandes líderes del siglo XX.
Peña Gómez siempre será recordado por su carácter fuerte y espíritu combativo, pero también por su nobleza, pues nunca albergó odio en su corazón. Sus aportes a la sociedad dominicana fueron múltiples; entre ellos se destaca su lucha constante por los principios democráticos y por la construcción de un Estado de derecho en el cual todos los dominicanos fueran iguales, independientemente de razas, color o banderías políticas.
Era una persona afable, cercana a la gente, desprendido y siempre dispuesto a ir en auxilio de los más necesitados. Hoy es reconocido incluso por aquellos que una vez le adversaron.
Con su verbo florido y discurso potente, conmovía hasta a sus oponentes políticos. Defensor como el que más de los derechos humanos, fue también un ejemplo de resiliencia, fortaleza y persistencia. Nunca permitió que a su vida penetraran las múltiples y variadas situaciones adversas que le tocó vivir. Derribó muros que parecían insalvables, rebasó los obstáculos que la vida le puso, todo esto con la fuerza de la recia voluntad que le caracterizaba.
El Dr. Peña Gómez amaba a su pueblo, a su país, como también su pueblo lo amó. Este amor se constituyó en el motor que lo llevaba a seguir siempre hacia adelante.
Fue el más grande líder de masas que recuerde la historia dominicana. Su figura crece y sus ideas aun emergen con la fuerza de un volcán, como si sus palabras se levantaran de su sepulcro y se convirtieran en voces andantes que guían a su pueblo por el sendero de la paz, el amor patrio y el bien común.
José Francisco Peña Gómez fue un líder democrático, pues creía en el dialogo; respetaba y promovía el consenso y el disenso como piezas fundamentales para la construcción de la democracia. Siempre propició el ejercicio político basado en la conducta ética.
A Peña Gómez la muerte no lo venció, pues su ejemplo aún está en el corazón de cada dominicano de buena voluntad.
Como solo los seres nobles que saben amar y perdonar a su prójimo, José Francisco murió amando y perdonando.
sp-am


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