Llegado el tiempo de sustituir a los últimos cinco jueces del excelente equipo encabezado por el magistrado Milton Ray Guevara, que de la nada -sin un local para reunirse y en un país sin cultura de respeto por la ley- le cupo la difícil tarea de integrar y echar andar al prestigioso Tribunal Constitucional que hoy tenemos, ahora el reto mayor del liderazgo político y de la sociedad en pleno es el de preservar su integridad y su accionar equilibrado y garantista, merecedor de respeto y confianza.
A tal punto esto último, que, al asomo de un abuso o violación de derechos fundamentales, se hizo famosa entre ciudadanos afectados y abogados la advertencia de: “nos vemos en el Constitucional”.
Torpedeado el órgano al inicio, y en el camino, el TC y sus magistrados, actuando en armonía y sin “ruidos” que les desviaran de la excelsa tarea de garantizar la correcta aplicación de la Constitución, se ganaron merecidamente un gran espacio en una sociedad caracterizada por la fragilidad institucional.
Como siempre hay intereses y conspiradores al acecho, que quisieran sentar sus reales, cabría advertir que, a partir de la labor ejemplar y de la imagen ganada, cualquier intento por coartar el TC o contaminar su funcionamiento institucional con representantes de agendas particulares, tendría que ser rechazado de plano y de pie por la mayoría de la sociedad.
Allí no cabe el retroceso, el deshacer lo ya hecho ni la filosofía que ha dado éxito. De lo contrario, los reconocimientos del Congreso y otros al magistrado Milton Ray, de botas difícil de calzar, habrían sido mera hipocresía. NOTA: como juez del TC no puede ir cualquiera. ¡Cuidado con dejar filtrar a “pro o contra” cosas controversiales!
En medio de un proceso electoral y una crisis con Haití, no vemos prisa (mala consejera) para convocar al Consejo de la Magistratura para cambiar 5 jueces en diciembre, aun siendo legal. Los que están pueden esperar a los sustitutos, escogidos en un tiempo normal. En aras de la tranquilidad del órgano y del país, y despejar dudas sobre la escogencia de los nuevos jueces, el presidente Abinader ganaría más dando un mensaje y postergar eso.
El embarcarse en esa tarea, que requiere dedicación, tino, tacto y buen olfato, sería un riesgo doble para el gobernante, que preside el Consejo. Por ejemplo, si se mete en ese berenjenal, con un montón de aspirantes, y se cuelan algunos “anti-sentencias”, de esas responsables y buenas paridas por el TC, como la 168-13 que define la nacionalidad dominicana – que es para respetarse y hacerla respetar, no” tecla a tocar”– eso solo le podría costar las elecciones del 2024 y el control del poder político al gobernante líder del PRM.
Al margen de hablarse de algún plan, con el TC no se puede inventar y contra este no se puede atentar.
encar-medios@hotmail.com
jpm-am


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