Si a un dominicano común se le pregunta qué opina de Gonzalo Castillo y de Luis Abinader, candidatos a la Presidencia de la República por los partidos de la Liberación Dominicana (PLD) y Revolucionario Moderno (PRM), respectivamente, de seguro que rápidamente responderán de la siguiente manera:
Gonzalo, es solidario, hace mucho y habla poco; mientras que de Luis dirán, que habla y se queja bastante y hace menos. Y todo por el Covid-19, pues como reseña James Allen, “las circunstancias no hacen al hombre, lo revelan.”
Para intentar descubrir la manera de actuar y pensar de los dos exitosos políticos y empresarios en cuestión, tenemos que ir a sus raíces, simientes, a sus orígenes biológicos, a fuentes psicológicas y de las formaciones políticas obtenidas por ambos, sin olvidar -al tratarse de dos hombres de negocios- las palabras de Emerson, en el sentido de que “sin un corazón rico, la riqueza es un feo mendigo.”
El candidato presidencial del PLD, proviene de un hogar humilde enclavado en el Sur lejano (viene de abajo), procreado por la señora Miriam Terrero Samboy, de la Región Enriquillo y el señor Gonzalo Castillo Peña, nativo de Bani; en tanto que el candidato a la Presidencia por el PRM nació en Santo Domingo, Capital de la Republica Dominicana, del matrimonio de José Rafael Abinader Wassaf, empresario, abogado y político de origen libanés y Rosa Sula Corona Caba, de linaje colonial canario.
En su reconocida obra “Clases Sociales en la Republica Dominicana,” el Profesor Juan Bosch (catalogado como el más grande pensador social criollo de todos los tiempos), asegura que “lo determinante en la manera de actuar de una persona son sus condiciones materiales de existencia.”
Agrega, el maestro de la política, que “en cualquier ciencia, como en la vida, no hay casos generales sino casos concretos y que lo único cierto que se da en la política y en la vida es que cada ser humano como cada pueblo tiene su propia historia y solo puede avanzar en el camino hacia el porvenir siguiendo la dirección que le marca esa historia suya y utilizando sus propias experiencias y sus propias fuerzas.”
El argot popular lo dice de esta manera: “cada cabeza es un mundo” Y Anais Nin, en cambio, lo razona así: “Nosotros no vemos las cosas como son; vemos las cosas como somos nosotros.”
Sin embargo, sobre lo relativo a la pregunta que ocupa el título de este artículo, el médico psiquiatra, escritor y comunicador, Keith Ablow, MD, lo descifra en la página 262 de su recorrida obra “Vivir la verdad» (Transforma el dolor del pasado en el poder del futuro),” de la siguiente manera: “Estas buscando un líder? Se pregunta.
Y a seguidas, el mismo responde:
“Busca a quienes hayan sufrido (y lo dicen).”
En la Página siguiente (263), Ablow, asocia el grado de solidaridad de un líder -y cita a Abraham Lincoln y Winston Churchill- con su origen humilde, las adversidades y sufrimientos que padecieron; en buen dominicano, a que haya venido de abajo.
Rafael Leónidas Trujillo, relata Bosch en su obra “Trujillo: causas de una dictadura sin ejemplo,” fue un “producto psicológico de la deformación castrista creada por la Conquista, producto biológico de dos invasiones extranjeras (la haitiana de 1822 y la española de 1861) y producto militar de la ocupación norteamericana de 1916.”
Y más adelante explica que la psicología enfermiza de Trujillo –de simiente materna haitiana y raíces paternas españolas- que se expresó en una ambición sin límites de encontrarse por encima de los demás, tuvo su origen en la desacertada división entre gente de “primera” y gente de “segunda”, que implantó en el país a principios del siglo XVI, la corte virreinal, renacentista e hispánica de doña María de Toledo.
Viniendo de abajo y, en efecto, con una infancia un tanto difícil, como la tuvieron Abraham Lincoln y Winston Churchill, Gonzalo Castillo, ha logrado forjar una personalidad emocionalmente abierta y honesta, capaz de formular y ejecutar programas efectivos apegados a ideales nobles y humanos. De ahí se desprende su gran espíritu de solidaridad y de sensibilidad humana y social.
Y no es fortuito -pues, como explica el Dr. Dr. Keith Ablow en el libro citado, “…quienes han padecido la adversidad y han enfrentado el sufrimiento, son los que más saben sobre la humanidad y más se conmueven con el sufrimiento ajeno…”
Indefectiblemente, ahí está definida la actitud y la determinación de Gonzalo Castillo de acudir en solidaridad a favor de sus prójimos en momentos de tragedia, como lo hemos visto en estos tiempos de los efectos del coronavirus. Pero sus antecedentes en estas lides son de larga data y hacen alarde a Shakespeare, cuando sentencia: “Sé grande en acción, tal como lo has sido en pensamiento.” Y también a Pablo Coelho, el autor del increíble libro “El alquimista,” al pregonar que “el mundo será mejor o peor, según seamos mejores o peores.”
En sus acostumbrados y constantes gestos de solidaridad, todos hemos sido testigos de cómo Gonzalo se goza esas acciones. Y no es para menos. Karl Reland, lo explica de esta forma: “Sera feliz en la misma medida que seas de ayuda.” Pero lo más importante es que ello te acerca al Creador, puesto que -como reflexiona la Biblia: Dios bendice al dador alegre; quien da al pobre le presta a Dios; el árbol se conoce por sus frutos y quien da recibe.
thiagocomunicaciones@gmail.com
JPM


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