La democracia es un sistema delicado que necesita un cuidado constante y un compromiso firme para mantenerse vigente.
Las recientes elecciones en Estados Unidos, han puesto en evidencia cómo ciertos líderes demagogos pueden aprovechar las tensiones sociales y las divisiones fomentadas por ellos mismos, para hacerse con el poder y luego erosionarla.
Los resultados de esas elecciones, no deben entenderse como casos aislados, sino como manifestaciones de un fenómeno mayor que amenaza los valores democráticos. La creciente polarización, las desigualdades y el auge del extremismo son alarmas que requieren una respuesta inmediata.
Consolidar una democracia robusta demanda tiempo, dedicación y la firme determinación de protegerla frente a quienes intentan manipularla en beneficio propio.
Es fundamental que la sociedad, tanto ciudadanos como líderes, se unan para enfrentar estos desafíos, fortaleciendo las instituciones y fomentando el diálogo y la inclusión como pilares claves de la convivencia democrática.
Con la toma del poder, de nuevo, del populista Donald Trump, la democracia en Estados Unidos y todo el mundo corre el peligro de deteriorarse progresivamente, porque probablemente, esta va a ser atacada en sus cimientos por quienes se beneficiaron de sus instituciones para ascender a la presidencia del país más poderoso del mundo, usando la demagogia, la manipulación descarada, las amenazas, la imposición del miedo, la mentira y el engaño.
Con la composición del nuevo gabinete del gobierno entrante, se teme que se continúe con el asedio a la ciencia, a la salud pública, las instituciones democráticas, y con el descrédito de la medicina como ciencia, etc.
Peligro
Con el nombramiento de Robert Kennedy Junior, despreciado por su propia familia por extremista, como Secretario de Salud, un recalcitrante difundidor de teorías de conspiración contra las vacunas y las farmacéuticas productoras de los fármacos que usan millones en Estados Unidos y todo el mundo, la humanidad estará en peligro, y la desinformación será el pan de cada día.
La historia nos enseña que construir una democracia sólida es un proceso arduo que puede tomar generaciones. Sin embargo, protegerla exige un compromiso constante por parte de los ciudadanos, los líderes políticos y la sociedad en su conjunto.
Solo a través de la vigilancia activa, el diálogo y el fortalecimiento de las instituciones podremos evitar que estas amenazas se conviertan en realidades permanentes.
El populismo es el cáncer político que hoy mantiene al mundo en vilo, pues sus líderes son desestabilizadores constantes por idiosincrasia, de las normas y el estado de derecho, premisas que constituyen los pilares de las sociedades libres y democráticas.
¡No, al populismo corrupto y desestabilizador, que hoy amenaza con destruir las democracias!
jpm-am


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