POR MONICA ZAPATA
En casi todos los países existen leyes que consienten el aborto terapéutico o cuando es producto de incesto o violación. Contrariando esta tendencia mundial sostenida en la ciencia, que es uno de los soportes fundamentales de los derechos humanos de la mujer, en República Dominicana los honorables legisladores nos los niegan, castigando hasta con pena de 2 años de cárcel la interrupción del embarazo. Esta penalidad no hace excepción ni siguiera cuando este en riesgo la propia vida de la madre, el embarazo sea por incesto o por violación.
La negación de derechos a las mujeres en este como en otros ámbitos ocurre por el predominio de una cultura patriarcal que nos concibe simplemente como hembras, útiles para para procrear hijos y reducidas al manejo de los asuntos propios del hogar. Esta visión, quedada en el tiempo, no logra concebirnos ni valorarnos como seres humanos fundamentales para la sociedad.
En rebeldía contra esta obsoleta visión hemos estados reclamando respeto pleno para nuestros derechos, a la equidad e igualdad entre los géneros en todos los campos humanos y que no se mediatice ni se someta al control de poder público alguno el derecho sustantivo que como mujeres tenemos sobre nuestros cuerpos.
Las mujeres dominicanas no hemos permanecido ni permaneceremos en el silencio contra el patriarcado obsoleto y el machismo opresor que históricamente nos ha asfixiado como género. Tenemos el mismo derecho que tienen todas las mujeres del mundo a tener una vida digna, segura y de bienestar.
Pretender constitucionalmente obligarnos a continuar un embarazo producto de las aberraciones más depravadas de la mente humana como el incesto y la violación, nos resulta un inaceptable oprobio que por dignidad y derecho combatiremos en todos escenarios de lucha.
La vigencia de esa ley condena a muerte a miles de mujeres. Es una especie de genocidio cuya responsabilidad moral recaerá sobre sus propulsores y sobre timoratos legisladores que con sus votos la avalan y le dan categoría constitucional.
Como mujer dominicana, la impotencia me devora las entrañas al ver la indolencia cavernícola y el oscurantismo paleolítico de un grupo de machistas inmorales que condenan a miles de mujeres a traumas insuperables o a muertes prematuras, al negarles un derecho inalienable como el poder decidir sobre su cuerpo, y este hecho y legislación, es la típica violencia de género que se practica desde las instancias mismas del Estado..
jpm


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