La situación en Venezuela se ha estancado en un terreno resbaladizo.
Nicolás Maduro se mantiene en el poder usurpado a pesar de incontables sanciones impuestas por los Estados Unidos, a pesar de las continuas movilizaciones populares en contra de la dictadura, siempre encabezadas por el presidente interino, Juan Guaidó, y a pesar de las frustrantes e inútiles conversaciones entre las partes promovidas por el reino de Noruega.
Todos los esfuerzos realizados hasta ahora para salir del régimen narco terrorista encabezado por Nicolás Maduro, títere sostenido por la inteligencia militar y política castrista y monitoreado activamente por los dictadores comunistas de la Habana, han resultado inútiles.
En el proceso, Maduro constantemente propone diálogos interminables, los que aprovecha para ganar tiempo.
Paralelamente, arresta, amenaza y aterroriza a los diputados de la Asamblea Nacional, denuncia al “imperialismo”, ofrece públicamente respaldo a la pandilla terrorista de las FARC y a la otra cuadrilla de malhechores del ELN, entrega cada vez más la soberanía a Rusia, China, Cuba y al terrorismo internacional: Hezbollah, las FARC y al ELN y a la delincuencia organizada, principalmente al narco tráfico.
Prueba de ello es el video publicado por cabecillas de las FARC, donde Iván Márquez anuncia el regreso a las armas y por consiguiente a sus andanzas narco guerrilleras y terroristas, el que se sospecha fue grabado en Venezuela, guarida de delincuentes de toda laya.
Mientras tanto Guaidó insiste en la misma estrategia fallida y el tiempo pasa inexorablemente sin que se vislumbre una esperanza realista de terminar con el régimen chavista, que no da su brazo a torcer.
Es recomendable que Guaidó y los Estados Unidos escuchen las advertencias de la valerosa dirigente de Vente Venezuela, María Corina Machado y las de otros opositores como Antonio Ledezma, quienes constantemente advierten que los diálogos solo favorecen a Maduro, y que la única forma de terminal con la dictadura es con la conformación de una coalición internacional que intervenga militarmente para poner fin al régimen y a la amenaza de desestabilización del continente.
De seguir Estados Unidos y América Latina tratando con paños tibios las peligrosas amenazas que constituyen Cuba y Venezuela para la estabilidad y la democracia continental y las de otros continentes, ya luego al pasar el tiempo les será muy tarde para reaccionar, ya que el problema se agigantará de tal manera que resultará mucho más costoso resolverlo.
Mientras esas dos naciones sigan gravitando en el hemisferio, estará latente el grave peligro de auge de la delincuencia y la violencia generalizada, unido a las crisis en todos los órdenes que seguirán surgiendo en la medida que avancen con sus planes desestabilizadores.
La reactivación de las peligrosas FARC con el tácito apoyo de esas perversas dictaduras comunistas, es un indicio que debe poner a meditar más seriamente a Estados Unidos, a América Latina y a todo el mundo democrático, para tomar acciones determinantes que pongan fin a esas amenazas.


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