Tras la gran manifestación ante el Congreso Nacional, el equipo político y de estrategia que persigue retornar al poder al Dr. Leonel Fernández debe poner en práctica la diplomacia silenciosa en busca de rebajar las tensiones para facilitar la unificación de cara el 2020.
Tras el discurso del líder, nadie más debe hacerlo. Ya Leonel habló y lo dijo claro: no hay marcha atrás en su postura de defensa a la Constitución, y, más que eso, expresó que su lucha no es personal contra el presidente Danilo Medina, a quien dijo que respeta mucho; tampoco es contra los miembros de los comités Político y Central, quienes auspician una reforma constitucional para habilitar al mandatario.
Dicho esto, ahora toca trabajar el grado de lealtad de los legisladores bajo su mando, aquellos que se hacen llamar diputados y senadores de la patria. Igualmente, el Dr. Fernández debe esperar la respuesta del Jefe de Estado, la cual se ha de esperar en cualquier momento, dadas las circunstancias.
Por su parte, las auspiciadores de la reelección, aún cuando el Presidente no ha expresado su opinión sobre la reelección, deberían evitar cometer más errores de incontinencias verbales. Acabamos de ver como el senador Julio César Valentín mandaba prácticamente a callar al director de la CAASD, señor Alejandro Montás, quien se aligeró a afirmar que los senadores introducirían el anteproyecto de reforma ayer en la tarde.
La lógica matemática y el sentido común nos indica que, tanto el presidente Medina como el expresidente Fernández, llegados a este punto álgido, trabajarán cuanto antes, y, sin más dilación, un encuentro público que garantice la permanencia del PLD en el Poder.
Los dos, por más que se hayan dicho, tendrán que ceder en sus posturas, y no precisamente en una tercera vía. El radar político detecta una inclinación de Medina hacia Fernández, pero no gratuita, y es ahí donde Leonel y su equipo tendrán que hacer gala de su experiencia política.
Ambos líderes son conscientes del papel histórico del momento político y de los intereses partidistas y privilegios que hay de por medio.
Medina jamás haría nada que lleve al PLD a unos niveles de opinión pública negativa, después de 16 años de ejercicio gubernamental, y menos siendo suyos los ochos actuales, en los que Leonel no querría ser candidato, y, para meses después, perder su invicto en la cita con el pueblo. Por cuestiones tácticas, ambos están llamados, y, más que eso, obligados a entenderse.
Pero como la fiebre no está en la sábana, por si acaso, los líderes del Partido Revolucionario Moderno (PRM), el expresidente Hipólito Mejía y Luis Abinader, se frotan las manos pensando en el Palacio Nacional: Hipólito creyendo que si Danilo no logra la reforma, podría pensar en fortalecer el PRD, unificándolo con Miguel Vargas con él como candidato presidencial (réplica del escenario electoral 1986 que retornó a Balaguer al poder ) y Abinader, por cansancio electoral y un nuevo escenario partidocrático.


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