Violadores, asesinos, torturadores de mujeres de todas las edades, incluidas niñas indefensas y adolescentes dependientes. No basta decirles monstruos descerebrados, bestias… en cada ocasión estremecedora, perdiendo de vista que son engendros del pensamiento y de la práctica cotidiana machista-patriarcal. Que son excrementos de una dominación milenaria, que el capitalismo y los Estados que le sirven han incorporado a la cultura impuesta desde arriba.
En estos días –como sucede periódicamente- nuestro país vuelve a respirar un ambiente pestilente y estremecedor en esa materia. La violencia de género, con elevados niveles de sadismo y crueldad, vuelve a repuntar en espiral enseñándose contra niñas, adolescentes y jóvenes; y vuelven a repetirse merecidos calificativos y estigmas que nada resuelven, porque no van al fondo de esa tragedia social, ni a sus causas estructurales e ideológicas.
Reaparecen los monstruos y verdugos. Se escuchan por montones los comentarios superficiales o fenoménicos. Se repiten las negligencias o complicidades soterradas, a veces envueltas en simulaciones, de la Policía, el Ministerio Público, el poder judicial, el Estado y los poderes fácticos que lo manipulan.
Fluye permanentemente la ideología patriarcal por todos los poros del poder, envenenando la sociedad. El machismo impregna hasta los tuétanos la gobernabilidad y el ejercicio de esta dominación. La fuerza crítica en sentido contrario no logra contener su malvada impronta. Violaciones recurrentes y cada vez más desgarradoras. Impunidad recurrente, montones de casos silenciados, solo brotan los inocultables.
Machismo a millón: en los medios, en el Congreso, en las cúpulas de las iglesias, en los discursos oficiales, en las empresas privadas, en el tratamiento de las tres causales para el aborto terapéutico, en los nombramientos del nuevo gobierno, en los abogados de los monstruos y las causas perversas. En los acoso cotidianos. En las horripilantes crónicas de asesinatos anunciados que nadie detiene.
Las niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres adultas… son tratadas verbal y físicamente como seres inferiores, como instrumentos de placer sexual y propiedad de los hombres, como fuentes de trabajos no remunerados, vulgares mercancías, objetos publicitarios, trabajadoras súper-explotadas para los cuidos del hogar.
La permanente dictadura del adulto macho. La opresión incorporada al afán lucro capitalista y al ejercicio del poder de clase, Estado, Gobierno, familia… rodeada de adornos, hipocresías y simulaciones plasmadas en leyes que no se cumplen y entidades que no resuelven.
En ese caldo de cultivo se engendran esas bestias, sin que desde el poder emane el sistema formativo, los medios culturales, las ideas que permitan erradicarlo. Sencillamente porque los dominadores y las dominaciones no se suicidan. Hay que abolirlas. (30-08-2020)
of-am


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