Es notorio que el avance de Luis Abinader en las preferencias internas del Partido Revolucionario Moderno (PRM), no fue previsto por sus posibles competidores, lo que al parecer les tomó por sorpresa. Luis se ha convertido en el garante de la unidad e integración de la gran mayoría perremeísta y de los que militaron en el PRD y se encuentran diseminados en diferentes organizaciones políticas.
Las reacciones disimiles, aunque desde el mismo litoral, se han hecho sentir, mientras unos se desgañitan tratando de minimizar el empuje de Abinader. Otros paradójicamente moderan sus escritos tratando de etiquetarlo como el segundo a bordo del binomio que perdió las elecciones generales en el 2012.
El fin de semana pasado, marcó el antes y el después de un hombre prudente y moderado que apuesta al consenso y el entendimiento entre sus compañeros, al aceptar el oportuno y bien sopesado endoso del Partido Humanista Dominicano (PHD) y el mismo día connotados dirigentes le brindaron su apoyo en la emblemática seccional del PRM en New York.
Dirigentes, que por prudencia y sugerencias del mismo Luis Abinader, se habían mantenido distantes y con bajo perfil, decidieron dar el paso y hacer públicas sus preferencias electorales, esto ha provocado desagradables comentarios y pronunciamientos airados y desconsiderados.
Por tanto, es pertinente y oportuno aclara el concepto sobre el agradecimiento político. Este debe ser siempre de doble vía, pero la mayor cuota debe ser aportada por el mayor beneficiario.
La República Dominicana está sumida en una grave crisis en todos los sentidos, por culpa de los gobiernos sucesivos del PLD. El pueblo está cansado y quiere un cambio, que Luis Abinader está capacitado y decidido a aceptar ese reto y estamos seguros de que recibirá el apoyo de la nación.
Cuando apoyamos a un candidato y éste, con nuestro esfuerzo, sacrificio y voto, lo convertimos en el primer ciudadano y ejecutivo de la nación, es él quien le debe más agradecimiento a sus colaboradores y electores. No a la inversa. Por tanto, tras cada proceso eleccionario, los dirigentes quedan liberados y están en pleno derecho de revisar sus posiciones y respaldar políticamente a quien consideren el mejor calificado para conducirlo a la victoria electoral. Y máxime, cuando el intento anterior resultó fallido.
Luis Abinader se ha propuesto la tarea de unificar a la población en torno a un proyecto de nación, viable, realizable, dejando atrás las rebatiñas y malquerencias. Su bien intencionada decisión está sustentada en la prudencia y la integridad. Pero también blindada por la firmeza y el coraje de un hombre consciente del rol político que le ha otorgado su generación, sociedad y coyuntura en que le ha tocado liderar los anhelos de su pueblo.


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