Por DANIEL TORIBIO
En las publicaciones recientes del Banco Central hay una desproporción que no debe pasar inadvertida.
Se dedica amplio espacio al crecimiento, a la estabilidad macroeconómica y a las expectativas de expansión, mientras los precios reciben un tratamiento secundario. El problema no es de forma. Es de prioridades.
Los datos oficiales debieron ocupar el centro del debate. En mayo de 2026, la inflación interanual fue de 5.35 %. La acumulada alcanzó 1.50 %; la mensual, 0.31 %, y la subyacente, 4.86 %.
Eso significa que la inflación se mantuvo, por segundo mes consecutivo, por encima del techo del rango meta, fijado en 4 %, más o menos 1 %. No se trata de una desviación menor. Es una señal que afecta el costo de vida y el ingreso real.
Mientras tanto, la canasta básica siguió subiendo.
Entre enero y mayo pasó de RD$48,734.28 a RD$49,268.36. Son RD$534.08 más en apenas cinco meses. En términos relativos, equivale a un aumento de 1.1 %.
En un informe puede parecer manejable. Para una familia que llega ajustada al final del mes no lo es. Ese aumento significa pagar más para comprar lo mismo. Y muchas veces, pagar más para comprar menos.
El impacto tampoco ha sido uniforme. La región este registró el mayor incremento, con RD$681.43. Luego vinieron la región norte, con RD$591.94, y la región Ozama, con RD$552.34.
También hubo aumentos en todos los quintiles de ingreso.
Eso desmonta la idea de que el problema sea marginal o esté concentrado en un grupo pequeño. El alza del costo de vida avanzó en toda la estructura social, aunque golpea más a quienes destinan una mayor proporción de sus ingresos a bienes esenciales.
El Banco Central mantuvo la Tasa de Política Monetaria en 5.25 % y resaltó que la misión del FMI proyecta un crecimiento en torno a 4 % para 2026. Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Pero el ciudadano no vive en la proyección de crecimiento, ni en la tasa subyacente, ni en el lenguaje del comunicado. Vive en el colmado, en el mercado, en el supermercado, en el pasaje y en la factura eléctrica.
El problema no es que el Banco Central hable de crecimiento. Debe hacerlo.
El problema es que no puede relegar los precios a un párrafo breve, mientras la inflación rebasa la meta y la canasta básica se acerca a RD$50,000.
La estabilidad no se mide solo por reservas, liquidez o expansión proyectada. También se mide por la capacidad de compra.
Los precios no merecen un espacio pagado en la comunicación económica oficial. Merecen el primer plano.
Ahí se juega la credibilidad de la política económica. Y también la paciencia de la gente.
of-am

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