Al margen de las tensiones que nos producen sus numerosos y desaprensivos motociclistas, siempre hemos asumido a La Vega, ciudad olímpica, cultural y carnavalesca, como una demarcación cibaeña digna para el disfrute y el esparcimiento.
Su limpieza urbana, sus exuberantes y frondosos framboyanes, además de la hospitalidad y laboriosidad de sus pobladores, es un capital intangible que tiende a marcar la diferencia.
La vocación de crecimiento de los veganos cada vez resulta más evidente en sus iniciativas empresariales y en la diversidad y productividad de su pujante agropecuaria.
La Vega, donde sobran razones para considerar sus pobladores como sinónimos de “buenos todos”, es un paradigma de creatividad y dinamismo constante en una región prodigiosa con un pasado y presente salpicado de un envidiable decoro, dignidad y patriotismo.
Hace unos días, mientras circulamos por varias de sus espaciosas y alumbradas calles y avenidas terminamos anonadados al percatarnos del novedoso, atractivo y funcional sistema de semaforización que actualmente existe en la demarcación vegana, en procura de normatizar y agilizar el tránsito vehicular, al tiempo de garantizar un mayor nivel de seguridad al conductor y al ciudadano que generalmente se moviliza, utilizando las aceras y los denominados cruzacalles.
Se trata de unos flamantes y atractivos semáforos, en forma de gigantescas estrellas con una prolongada cola de luz, ocupando en las intersecciones de una acera a la otra, que pueden ser visualizados desde una considerable distancia por quienes se desplazan en sus vehículos de motor.
Sus candilejas terminan siendo impresionantes sobre todo en horas de la noche cuando su colorido se hace más acentuado.
Es una iniciativa digna de ser emulada por aquellos alcaldes que procurando ser novedosos y respetuosos del sistema de tránsito, en sus respectivos municipios, realizan importantes inversiones económicas en alternativas efectivas y permanentes de solución a problemas municipales que requieren de una urgente atención.
La iniciativa aludida, encabezada por el honorable gerente municipal de La Vega, a quien no tenemos el placer de conocer en persona, merece, por su funcionalidad y vistosidad, el reconocimiento sincero de sus colegas en todo el país, copiando su modelo en los diferentes municipios enclavados en el territorio nacional.
Sin recurrir a la exageración, esta brillante decisión, al margen de su costo, luce ser una manifestación incuestionable del respeto que el aludido funcionario municipal encarna antes los habitantes de la progresista y emprendedora tierra de los framboyanes.
Emular lo bueno siempre resulta interesante fundamentalmente cuando se realiza a favor de una comunidad digna del avance y desarrollo en todos los órdenes.
Visitar La Vega es un imperativo del momento para aquellos alcaldes y alcaldesas verdaderamente comprometidos con sus comunidades,
Aquilatar y asumir el modelo de semaforización que en el presente funciona a favor de los veganos es una maravillosa oportunidad para ratificar que en la República Dominicana, a pesar de los pesares, se puede…!!
A ver, quién se atreve..?
jpm-am


Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Abinader y el reloj de los últimos dos años
Miches acogerá festival cultural de la región este dominicana
Prensa de la RD destaca triunfo Marileidy en la Liga Diamante
5 mil pesos el cubierto (OPINION)
Gobierno instala energía solar escuelas y viviendas Elías Piña
INTEC presenta infraestructura centralizar investigación científica
Continuemos con la Policía Nacional
UDC propone rebaja alimentos para aliviar el costo de la vida
Promueven envejecimiento activo en los adultos mayores
El Voluntariado Banreservas impacta miles familias en 1 año


