Durante muchos años en República Dominicana se hablaba de partidos emergentes, partidos alternativos, fuerzas nuevas o partidos en crecimiento. Eran términos que, independientemente del tamaño electoral de esas organizaciones, reconocían algo importante: su existencia como nuevas propuestas dentro del sistema democrático.
Sin embargo, desde hace un tiempo se ha ido usando una palabra que parece cuidadosamente diseñada para restar valor, presencia y credibilidad: “minoritarios”.
La palabra no es inocente.
Cuando a una organización política se le coloca permanentemente el sello de “minoritaria”, automáticamente se busca proyectar pequeñez, poca importancia, incapacidad de crecimiento y ausencia de futuro. El término se convierte en una especie de etiqueta psicológica dirigida a influir en cómo la población percibe a esos partidos.
Y ahí es donde debemos detenernos a reflexionar. Porque la historia política del mundo demuestra exactamente lo contrario. Casi todos los grandes partidos comenzaron pequeños.
El propio Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que luego gobernó el país durante años, nació siendo una fuerza reducida, vista por muchos como una organización sin posibilidades reales. El PRD, en sus inicios, también fue una estructura pequeña enfrentando gigantes políticos de su época. Y antes del surgimiento del PRM, el nombre anterior de este partido era la Alianza Social Dominicana (ASD) y luego otras estructuras opositoras que fueron creciendo poco a poco hasta convertirse en actores fundamentales del panorama político nacional.
Eso ocurre en todas partes del mundo.
En España, Podemos surgió prácticamente como un movimiento alternativo y terminó rompiendo el esquema bipartidista tradicional. En Francia, el movimiento En Marche!, de Emmanuel Macron, nació prácticamente desde cero y conquistó la presidencia. En Italia, el Movimiento Cinco Estrellas pasó de ser visto como un grupo emergente a convertirse en fuerza de gobierno. En El Salvador, Nuevas Ideas, de Nayib Bukele, comenzó como una estructura nueva emergente y terminó transformando completamente el mapa político del país.
Lo mismo ocurrió con Morena en México, Libertad Avanza en Argentina, Syriza en Grecia, Chega en Portugal, Vox en España y múltiples movimientos políticos que inicialmente eran vistos como “pequeños” hasta que conectaron con sectores de la población cansados de las estructuras tradicionales.
La democracia necesita esas nuevas fuerzas. Necesita partidos que sirvan de equilibrio. Necesita voces distintas. Necesita competencia de ideas.
Porque cuando un sistema político solamente gira alrededor de estructuras gigantes y eternas, la democracia comienza a perder frescura, debate y renovación.
Claro está, también debemos ser honestos.

Existen partidos que participan para servir como estructuras de apoyo a partidos con mayores posibilidades de conquistar el poder. Pero también existen partidos con vocación de poder, cuyos dirigentes recorren el país con enormes sacrificios, sin los recursos millonarios de los grandes partidos, haciendo literalmente magia para sostener sus proyectos políticos.
Ahí hay hombres y mujeres que hipotecan tiempo, esfuerzo, tranquilidad familiar y recursos personales por una visión política.
Por eso quizás República Dominicana debería comenzar a utilizar términos más justos y modernos para referirse a esas organizaciones.
En vez de “minoritarios”, podrían llamarse:
• Partidos emergentes
• Fuerzas políticas en crecimiento
• Partidos alternativos
Porque toda gran estructura comenzó siendo pequeña.
McDonald’s comenzó siendo un pequeño restaurante. Burger King también. El Grupo Corripio comenzó modestamente, con esfuerzo y visión. Muchos restaurantes famosos de carne y comida rápida en República Dominicana comenzaron vendiendo en aceras, pequeños locales o esquinas populares antes de convertirse en grandes cadenas reconocidas.
Eso ocurre en la política, en los negocios y en la vida. Lo normal es comenzar pequeño. Lo extraordinario es crecer.
Y precisamente ahí está la esencia de la democracia: permitir que nuevas ideas, nuevos liderazgos y nuevas estructuras tengan la oportunidad de desarrollarse.
Los partidos emergentes no deben ser vistos automáticamente como irrelevantes. Muchos representan sectores sociales que sienten que no encuentran voz dentro de los partidos tradicionales. Otros sirven como contrapeso necesario para evitar excesos de poder y mantener el equilibrio democrático.
La historia política mundial está llena de sorpresas. Y muchas de esas sorpresas comenzaron siendo llamadas “pequeñas”. Hasta que dejaron de serlo.


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