La educación pública constituye uno de los pilares fundamentales para el desarrollo económico, social y democrático de una nación. Una sociedad que invierte en la formación de su capital humano fortalece su productividad, reduce la desigualdad y crea mayores oportunidades para las futuras generaciones.
En la República Dominicana, durante los últimos catorce años se han realizado importantes inversiones para ampliar y modernizar la infraestructura escolar, fortalecer el Programa de Jornada Escolar Extendida, garantizar la alimentación y el transporte estudiantil, así como mejorar las condiciones salariales, de pensiones y de capacitación continua del personal docente. Sin embargo, los resultados académicos todavía no reflejan plenamente el esfuerzo financiero realizado.
De acuerdo con estadísticas del Ministerio de Educación (MINERD), en las Pruebas Nacionales de 2019 los estudiantes obtuvieron promedios entre 56 y 58 puntos en Matemáticas, Física y Ciencias Naturales. Entre 2020 y 2022 estas evaluaciones no fueron aplicadas debido a la pandemia. Posteriormente, entre 2023 y 2025, el promedio nacional mostró una mejoría gradual, al pasar aproximadamente de 57 a 59.8 puntos sobre una escala de 100. Aunque representa un avance, el ritmo de mejora continúa siendo insuficiente frente a los desafíos que enfrenta el país.
Los resultados internacionales muestran un panorama similar. Según el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA 2022), coordinado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los estudiantes dominicanos alcanzaron alrededor de 339 puntos en Matemáticas y Ciencias, situándose por debajo del promedio de América Latina y el Caribe y considerablemente distante del promedio de los países miembros de la OCDE, que ronda los 472 puntos en Matemáticas y los 485 puntos en Ciencias.
Estos indicadores evidencian la necesidad de acelerar las reformas orientadas a mejorar la calidad de los aprendizajes.
Diversos estudios del Banco Mundial, la UNESCO y la propia OCDE coinciden en que el rendimiento escolar depende de múltiples factores que van más allá de la inversión económica. Entre ellos destacan la calidad de la formación docente, el liderazgo de los centros educativos, la participación de las familias, la disponibilidad de recursos didácticos, el tamaño de las aulas, la asistencia regular de los estudiantes y la estabilidad del proceso educativo.
En el caso dominicano, uno de los desafíos consiste en transformar el papel tradicional del docente. Más que un transmisor de conocimientos, el maestro debe convertirse en un orientador del aprendizaje, promotor del pensamiento crítico y acompañante del desarrollo integral del estudiante. Paralelamente, resulta indispensable fortalecer la alianza entre la familia, la escuela y la comunidad, fomentando una cultura de convivencia, responsabilidad y participación ciudadana.
La Jornada Escolar Extendida constituye una de las políticas públicas de mayor impacto social implementadas en las últimas décadas. Además de ampliar el tiempo de enseñanza, ofrece alimentación escolar, apoyo logístico y mayores oportunidades para el desarrollo cultural, artístico y deportivo, especialmente en los sectores más vulnerables.
No obstante, el éxito de este modelo dependerá de que el tiempo adicional se traduzca en aprendizajes de mayor calidad y no únicamente en una mayor permanencia dentro del aula.
Más que voluntad política, la transformación educativa requiere planificación estratégica, continuidad institucional y una gestión eficiente de los recursos financieros, humanos y tecnológicos.
Un plan quinquenal, acompañado de evaluaciones periódicas de resultados cada dos años, permitiría medir con objetividad los avances alcanzados en términos de eficacia, eficiencia y calidad educativa.
¿Qué se espera de la transformación del sistema educativo público?
La sociedad dominicana espera que las autoridades continúen ampliando la infraestructura escolar para reducir la sobrepoblación en las aulas; que el ingreso, permanencia y promoción de los docentes respondan estrictamente al mérito profesional; que las becas nacionales prioricen a estudiantes con un desempeño académico sobresaliente; que se fortalezca la formación continua del profesorado mediante la actualización curricular permanente; y que las artes, el deporte y la educación técnica ocupen un lugar más relevante dentro del currículo escolar, ampliando las oportunidades de inserción laboral de los jóvenes.
Asimismo, resulta indispensable fortalecer los mecanismos de supervisión, transparencia y rendición de cuentas sobre el uso de los recursos destinados a la educación, incluyendo los subsidios otorgados a centros educativos privados, garantizando que cada peso invertido contribuya efectivamente al cumplimiento de las metas de aprendizaje y al fortalecimiento de la calidad educativa.
La educación pública no debe medirse únicamente por el monto de la inversión realizada, sino por la calidad de los ciudadanos que forma. El verdadero éxito del sistema educativo se reflejará cuando cada niño y joven dominicano tenga acceso a una educación que desarrolle sus capacidades intelectuales, fortalezca sus valores familiares y cívicos, y le permita construir un proyecto de vida basado en el conocimiento, la responsabilidad y la dignidad.
of-am


Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Inglaterra y Noruega eliminan a México y Brasil Mundial Fútbol
Cuba y el doble rasero de EE.UU.
RD debutará ante Puerto Rico beisbol de los Juegos SD2026
Las tragedias siempre parecen lejanas
Son ventarrones, no tornados
Karate dominicano con altas expectativas para los JCC 2026
Javier García condena muerte de joven y exige frenar abusos
América Latina y los vendidos
Dedican a San Cristóbal la Gran Parada Dominicana del Bronx
José Ramírez se recupera tras una cirugía en la mano derecha

