En las últimas semanas la sociedad dominicana se vio sacudida por varios actos criminales espectaculares, que incluyeron asaltos a bancos y empresas, así como también a militares y ciudadanos en diferentes lugares y circunstancias.
Como reacción a esas acciones criminales espectaculares el gobierno, a través de las instituciones correspondientes, ha hecho un gran despliegue de seguridad que busca retomar control de las calles y repeler a los criminales mediante el uso de la fuerza pública.
La población recibe con beneplácito esa medida del gobierno porque se siente más protegida con la presencia de policías y militares en las calles, en vez de que estas estén pululadas por los criminales; esto ya ha sido realizado anteriormente y los resultados han sido positivos porque los criminales se han replegado.
El problema reside en que ese despliegue masivo de policías y militares es muy difícil que se pueda mantener permanentemente debido al alto costo económico que implica para el gobierno, y lo más probable es que en un par de semanas estas tropas sean retiradas y las calles vuelvan a quedarse desprotegidas, y por tanto libres para los criminales.
Resulta incluso hasta peligroso lo que hace el gobierno porque al hacer el despliegue se hace una gran ofensiva publicitaria sobre la misma y luego cuando se produce el retiro de los policías y militares no se les avisa a la ciudadanía para que esta se prevenga en el escenario en que se mueve.
De repente la gente llega a creer que está protegida para más luego darse cuenta que ha estada sola y expuesta a los criminales porque las tropas fueron retiradas sin aviso previo y los criminales volvieron a tomar las calles para hacer su agosto en todos los meses del año.
El combate y la persecución del crimen debe ser permanente mediante acciones encubiertas que permitan ubicar a los criminales y llegar donde están ellos antes de que se cometan los crímenes, y eso no se puede lograr simplemente desplegando tropas por todas las calles de las ciudades.
No se puede seguir viviendo en una bipolaridad en donde los criminales se persigan cuando ejecuten actos criminales y luego se les deja tranquilos para vuelvan a cometer dichos actos para poder ser perseguidos nuevamente, eso no funciona en materia de prevención y combaten del crimen.
El sistema ideal está en la prevención permanente mediante un sistema que garantice que los que quieran delinquir no lo puedan lograr porque se les detiene antes de hacerlo, al mismo tiempo que se castigue al criminal con penas que los mantenga fuera de las calles. Definitivamente que menos criminales en las calles significa menos crímenes.
Esperemos que lo que está ocurriendo en estos momentos en las calles de la capital y otras ciudades no sea un acto más de retaliación ante un flagelo que actúa con la inteligencia de las ratas que identifican los alimentos envenenados y dejan de comer aunque mueran de hambre, para luego volver a comer cuando termina la amenaza.


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