«No podemos resolver un problema con el sistema que lo ha engendrado». Albert Einstein.
¿Puede un Gobierno o la clase dirigente de un país promover la autodestrucción, hacer caso omiso de las amenazas que pueden disolverla y al mismo tiempo, ponerse al servicio de las ambiciones de otros Estados? ¿Cuáles serán las consecuencias de la acumulación de errores y la implantación de un modelo que aniquila la identidad nacional? ¿Lograremos levantarnos del caos y del desorden que desorganiza a la sociedad, sobreviviremos al naufragio? Los resultados están a ojos vistas. El país se descompone; se deshace; pierde su cohesión.
Asistimos como espectadores ante la proyección y la influencia de dos grupos que manipulan los destinos del país.
- Entre los que gobiernan se manifiesta una ceguera ante las amenazas extraordinarias que enfrentan los dominicanos. Una sociedad que se niega a defenderse. Que desdeña sus propios derechos y comienza a asumir como doctrina de Estado el discurso acusatorio propalado por sus enemigos. Prevalece en este enfoque la impotencia, el abandono de la soberanía, la decadencia del patriotismo y el menosprecio por la nación. Los propagandistas de estos puntos de vistas se han centrado en la creencia en un Estado postnacional, importado por los expertos enemigos de la soberanía y han suplantado con esas pamplinas el ideario de independencia de 1844.
- Por otra parte, nos tropezamos con las ambiciones de lo que queda del Estado haitiano y de los grupos estatales y no estatales que han hecho conciliábulo para hallarle una solución al desastre haitiano a expensas de la República Dominicana. La intención se deduce cabalmente de su comportamiento.
- a) Se han propuesto derramar a la población haitiana en el territorio dominicano; b) llevan a cabo una campaña de descrédito contra el Estado dominicano, que no conoce treguas diplomáticas; c) han creado bloques en el CARICOM, en la OEA y en otros foros, convirtiendo su intención en plataforma y en reivindicación internacional. Ante los propósitos manifiestos del intervencionismo internacional sin precedentes cabe preguntarse: ¿qué quieren los haitianos? ¿Cómo piensan alcanzar sus objetivos? ¿Con quienes cuentan como aliados?, y ¿cuáles son los argumentos que le han servido para hundirnos como Estado ante los ojos del mundo?
La operación se desarrolla en dos fases.
- Hay un proceso de victimización, apoyado por personalidades de la República Dominicana. Véase el Comité de Solidaridad con las personas desnacionalizadas constituidos por el laureado periodista Juan Bolívar Díaz , los economistas Miguel Ceara Hatton y Pavel Isa Contreras, el sociólogo Wilfredo Lozano, los abogados Cristóbal Rodríguez, Carmen Amelia Cedeño y los miembros del Centro Bonó, entre otros.
- Tras la victimización se ha fraguado un discurso acusatorio, desarrollado por los expedientes depositados ante los organismos internacionales por las ONG, cuya meta es hacer que el poder de la comunidad internacional destruya la soberanía nacional. Los estereotipos son las banderillas del toro; los ataques que emprenden directamente los organismos internacionales y las ONG, brazo interventor de los Estados, tratarán de darnos la estocada.
El resultado de todas estas maniobras ha sido convertir al Estado dominicano en un reo de la justicia internacional.
Para escapar a esa emboscada el Gobierno, en lugar de asumir la defensa de la nación tomó otros derroteros. Quebrantó la Constitución de la República, concediéndoles la nacionalidad dominicana a los descendientes de haitianos que no eran residentes legales en la República Dominicana (ley 169/14) y entró en los vericuetos del plan de regularización otorgándoles residencia a inmigrantes ilegales, omitiendo las exigencias del propio ordenamiento legal. El sistema jurídico y legal existía antes de que el problema haitiano se manifestara, y en lugar de honrarlo, se tomó la decisión de destruirlo para adaptarlo a las circunstancias de los inmigrantes ilegales.
Los tres factores que sustentan al Estado dominicano han comenzado a desvanecerse.
- El Gobierno no actúa a favor de la conservación de la nacionalidad. Se trata de un régimen que no defiende la identidad nacional ni protege nuestras conquistas sociales. El poder ha fabricado y ha promovido a los enemigos de la nación. Se le pide a los dominicanos que se autodestruyan y desaparezcan. Que no defiendan sus empleos saqueados por el vecino ni la salud de sus hospitales ni la educación. Se les tacha de racistas si defienden su independencia y su libertad que no es otra cosa que su capacidad para la autodeterminación. El Gobierno promueve otro tipo de sociedad que anula nuestra historia. Ha renunciado a imponer el modelo de vida dominicano. Nos hallamos con una clase política completamente desnacionalizada.
El Gobierno se aleja de la soberanía y del interés nacional. Toma el rumbo del Estado binacional, con el mascarón de proa del Plan binacional Quisqueya. Pero lo hace, a chita callando, como un Gobierno clandestino. Se prepara la desintegración total: el ataque a la soberanía coincide con la embestida contra la familia, contra el modelo de sociedad que nos sirve de plataforma, contra las herencias y tradiciones de la nación. El pueblo dominicano es resultado de una historia que no han logrado sepultar, que resiste admirablemente. Que no ha sucumbido al ideal de la traición, y se mantiene apegado a sus valores, a su nacionalidad, a su territorio, y de ello tenemos cada vez más copiosas muestras.
- El territorio se halla sometido a riesgos extraordinarios por efecto de la vecindad. Según un estudio de las Naciones Unidas (2013) el 77% de los haitianos emplean carbón vegetal, lo que representa unos 8 millones de personas. Esta circunstancia repercuten brutalmente en nuestro suelo. De nuestro país se extraen, según el mismo estudio, más de 50.000 toneladas de madera de los bosques y parques nacionales para satisfacer las necesidades de los haitianos que emplean anualmente más de 6 millones de metros cúbicos de madera por año. Otro estudio del Banco Mundial (2007) confirma los mismos cálculos y agrega que el 60% de los haitianos que habitan en la zona rural dominicana mantienen el uso del carbón como parte esencial de su cultura culinaria.
Ante las presentes circunstancias, la frontera permanece abierta, y los dispositivos militares que hemos desplegado para contrarrestar esas amenazas, son rotundamente ineficaces. Dos factores se manifiestan brutalmente en el teatro de los hechos: 1) la destrucción medioambiental propiciada por las necesidades de supervivencia del vecino;2) la incapacidad manifiesta para controlar la frontera.
Ante esas perspectivas, la USAID que tiene mayor capacidad de anticipación que nuestros políticos y expertos estableció un acuerdo con Chemonics International para introducir el uso del gas licuado de petróleo (GLP) como combustible para cocinar. Al cabo de tres años, se logró introducir unas 70.000 estufas. Logro insignificante. Muchos haitianos han vuelto a sus antiguas andanzas y han abandonado las estufas, pues cortar los árboles y desmontar los bosques dominicanos sigue siendo más barato.
Cuando un haitiano se desplaza. Trae su modo de vida, sus ambiciones, su visión del mundo, sus prejuicios históricos, su lengua y sus atavismos religiosos, y desde luego, sus enfermedades y su deseo histórico de conquistar el territorio dominicano. Lo que se desplaza no es un cuerpo inerte, sino un germen de conquista y de cultura. Un sistema de principios y de valores que no puede ser asimilado por el pueblo dominicano. Estas personas desconectadas de la sociedad dominicana, se superponen; no son parte de la comunidad nacional dominicana; y terminan reproduciendo sus hábitos de vida. Todas esas realidades se están importando en la actualidad. No se conoce ninguna sociedad que pueda eliminar la pobreza, la marginalidad, el subdesarrollo importando los agentes de su propia destrucción.
- La población. El gran desafío que nos plantea los multitudinarios desplazamientos de población haitiana hacia nuestro país es el predominio de estos extranjeros en todas las actividades: en la agricultura, en la construcción y en los servicios. . Esa colonización rompe, desde luego, la unidad demográfica del pueblo dominicano. Los intelectuales, los periodistas y los empresarios han participado en la intoxicación de la sociedad secuestrando esa realidad con fuegos de artificios mediáticos. Bill Clinton logró convencer a un grupo de empresarios dominicanos para que participen en la anulación de la frontera, un plan binacional que destruye la independencia de los dominicanos. están impulsando una sociedad una sociedad binacional, fragmentando los derechos y la historia del pueblo dominicano. Nuestros dirigentes son incapaces de anticipar, de proyectar nuestra supervivencia. Hemos sido colocados en peligro por aquellos que tenían como misión protegernos del desastre y del caos. Más importante que todas las promesas políticas de los vendedores de ilusiones es la preservación de la nación. Es la plataforma que nos une, la historia, la lengua, los recuerdos, la memoria. El pueblo sabe, y lo ha demostrado que no puede confiar en políticos sin lealtad y sin patriotismo, ni en empresarios cuya patria es el dinero. El pueblo no permitirá que este hatajo de traidores al ideal del fundador de la República experimente con la suerte de diez millones de almas.
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