Por ELVIN CASTILLO
La tragedia que le arrancó la vida al alcalde Juan De Los Santos, su guardaespaldas y al asesino-suicida ha estremecido la sociedad dominicana hasta las fibras más sensibles de su corazón.
Muchas contradicciones, versiones, sensacionalismo innecesario, falta de ética periodística, falta de respeto a la familia y memoria de Juan, personas tratando de sacar provecho político, son solo parte de las situaciones que nos ha tocado vivir frente a tan dantesca situación.
Cuando tratamos de analizar este hecho lamentable y lo que ha desencadenado tenemos que concluir que nuestra sociedad ha llegado a un punto de degradación en la que los antivalores nos arropan de manera descarada y pareciera que no tenemos nada que hacer frente a esta preocupante situación.
Las cualidades y virtudes de Juan todo mundo las ha expresado y los que tuvimos la dicha de conocerle de cerca sabemos de la gran persona que fue, en todo el sentido de la palabra, ahora bien quisiéramos creer que esta navidad tan dolorosa para la familia dominicana nos va dejar un gran regalo a todos y dentro de esta tragedia esperamos que la muerte de “Juancito Sport” se convierta en el antes y después de nuestra historia como nación.
Debemos por su memoria y por nuestro futuro iniciar una campaña sistemática y permanente de reintroducir nuestros valores sociales, desde el gobierno, empresas, iglesias, escuelas, hogares, en todos lados iniciar esta batalla que es de todos.
No es un tema de gobierno, de seguridad ciudadana ni politiquería, es un tema de sociedad.
No podemos seguir en nuestros medios bombardeando conductas y modelos de vida imposibles de conseguir en corto tiempo para una persona trabajando de manera honrada, debemos luchar porque la gente comprenda que lo más importante es Dios y la familia.
Se puede conseguir las demás cosas con trabajo y esfuerzo.
El dinero es importante pero nunca puede convertirse en tu Dios. Albergo la profunda esperanza que la muerte de Juan de los Santos nos sirva como el punto de inflexión para de una vez y por todas iniciar esa revolución social que hace tiempo todos sabemos que necesitamos pero nada nos hacía despertar de un aparente letargo cómplice que nos va arrastrando a los más recónditos rincones de una sociedad altamente violenta y descompuesta en donde la vida no vale nada.
Nunca te olvidaremos Juan y ojalá tu muerte se convierta en nuestra salvación como sociedad.


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