POR NICOLAS CARL
Las aguas residuales de un batallón de soldados nepalís de la Misión de las Naciones Unidad para la estabilización de Haití (Minustah) contaminaron el río donde eran vertidas.
La enfermedad se ha expandido rápidamente de manera dramática, en un contexto de caos sanitario agravado por el terremoto habido unos meses antes en este país, entre los más pobres del mundo.
Cuando el cólera no se conocía en Haití desde hacía ciento cincuenta años, la epidemia actual sería la peor que el mundo haya conocido desde hace décadas. 800.000 personas afectadas, casi el 8% de la población, y 10.000 han fallecido.
Las ONG luchan desde hace años para hacer reconocer la responsabilidad de la ONU, esperando hacerle pagar compensaciones para las víctimas y medios para proteger a la población.
Estaríamos hablando de 40.000 millones de dólares. Pero es improbable que la ONU pague, porque está protegida por una inmunidad que ya ha planteado en este asunto.
Muy lejos de abastecer a la población de los medios sanitarios más elementales, las grandes potencias envían tropas a defender lo que llaman la estabilidad del país, es decir, un orden conforma a sus intereses y los de la burguesía local, sin preocuparse de las consecuencias para la población.
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