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Ya, hasta los mas ilusos, aquellos que decían que la pretendida fusión de Republica Dominicana y Haití, impulsada por grandes potencias, era una fabula de mentes calenturientas y desfasadas, han admitido que el plan es una realidad.
Autoridades haitianas, desde el recientemente destituido primer Ministro hasta el mismo presidente, han expresado sus deseos de que no existan controles fronterizos entre ambos países. Lo que de hecho llevaría a la desintegración de nuestro Estado como tal.
También Pretenden que el gobierno nacional extienda los plazos que se han dado para la regularización de extranjeros y que se flexibilicen los requisitos, hasta hacerlos prácticamente inexistentes.
Francia, Canadá, Estados Unidos y hasta España, son los principales ideólogos de este nacionalicidio como diría el siempre bien recordado Tres Patines.
Estas grandes potencias, predican la moral en calzoncillos. Lo peor es que lo hacen con unos calzoncillos sucios y apestosos.
Canadá, por ejemplo, que es una de las naciones que impulsa la unificación de nuestro país con Haití, debería preocuparse porque la provincia de Quebec, la mas grande de las provincias canadienses, no logre su separación.
En el ultimo referéndum de independencia de Quebec casi lo logran, pues los independentista obtuvieron el 49.6% de los votos. Pero, por lo menos, obligaron a que el Parlamento canadiense reconociera a los quebequenses como una Nación dentro del Canadá. Aunque no legal, si en un sentido cultural y social.
¿Que alegan los ciudadanos de Quebec para exigir su separación del Canadá? Entre otras cosas, culturas diferentes, idiomas distintos, tradiciones encontradas, no profesar la misma religión, historias peculiares.
Quebec perteneció a los franceses hasta que se firmó, en el 1763, el acuerdo de parís para poner fin a la guerra de los siete años entre Francia e Inglaterra, donde el Rey Luis XV de Francia, cometió el error de cederle a Inglaterra, todo el territorio de “La Nueva Francia” hoy Quebec, a cambio de las islas de Guadalupe y Martinica, a la sazón, grandes productoras de azúcar.
De ahí que estos ciudadanos se sientan más galos que anglos.
Lo mismo sucede en España con los catalanes, los vascos y los gallegos.
Sucedió con los checos y los eslovacos. Las mismas potencias, con Estados Unidos a la cabeza, propiciaron el resquebrajamiento de la península balcánica, alegando estos mismos argumentos de religiones distintas, historia, lenguas, etc.
Entonces, Si la tendencia mundial es que los pueblos se aglutinen alrededor de sus coincidencias y no de sus diferencias. ¿Por qué quieren unirnos con otra nación con historia, religión, idiomas, culturas, tradiciones y costumbres tan disimiles?
Las grandes potencias que empujan esta fusión, deberían de tener un poquito de cuidado con este experimento, pues pudiera convertirse en algo muy peligroso.
En vez de fusión, en fisión.


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