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La historia del periodismo de República Dominicana es larga y compleja. En todo su trayecto han vivido, y trabajado a tiempo completo, lacras y perlas.
Las lacras, que siempre buscan su espacio en cualquier actividad, se han visto por doquier en el marco periodístico. Es una realidad que -como dice el axioma matemático- «no necesita demostración».
No obstante, y para satisfacción de quienes en su extenso trajinar profesional han defendido los principios y la ética, las lacras y la práctica de la maledicencia -aunque hacen mucho ruido- no han podido salir del todo airosas.
Las perlas, dentro del periodismo nacional, siguen a la vanguardia. Imponen la decencia, el trabajo honesto, la ética y la pulcritud dentro de su accionar en los medios noticiosos. Pero, ¿son perlas?
Cierto. Son perlas. Pueden llevar ese calificativo los periodistas que respetan su oficio y que continúan la lucha para que el periodismo pagado no continúe «inundando» los periódicos, noticiarios de televisión y los demás medios de comunicación.
¡A la culebra, para evitar que dé peligrosos mordiscos, hay que machacarle la cabeza! Lo mismo hay que hacerles, literalmente, a los periodistas violadores de la ética y los principios.
Lo que se está viendo en estos tiempos -en específico los ligado estrechamente a la actividad política- nos dicen que el periodismo debe jugar un papel estelar.
Que los periodistas con responsabilidad, pero sin dejar ver posiciones ideológicas y partidistas, están en la obligación de realizar un trabajo objetivo y en consonancia con la verdad pura y simple.
El periodismo dominicano debe verse en el «espejo» de nuestros colegas de Latinoamérica y la pujante región del Caribe. Principalmente los periodistas de países como Venezuela, Perú, Brasil, México, Colombia, Puerto Rico, Panamá, Ecuador, El Salvador, Nicaragua…
Los colegas de esas naciones no han puesto «peros» en su labor profesional. Han escrito crónicas, artículos, reportajes y análisis en los que enfocan la penosa realidad, matizada por actos dolosos, de corrupción y lavados de activo.
Cuando un periodista, por ejemplo -en una crónica- narra los actos dolosos que constituyen un obstáculo para el desarrollo de un país, sea cual sea, está cumpliendo con su rol.
Si no lo hace, entonces deberá atenerse a las consecuencias. ¿A cuáles consecuencias? A las consecuencias que ocasionaría la dura sanción que debe darle el soberano por no escribir la verdad.
JPM


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