En medio de tanta mediocridad y vaciedad cognitiva como en la que se vive en la sociedad dominicana, es condenable permitir la ausencia de la figura del intelectual denunciador del que hablara en unos de sus textos el padre del existencialismo francés, Jean Paul Sartre.
Resulta imposible admitir, asimismo, que ante la presencia de un deterioro social y moral acelerado como el que registra nuestro medio insular, la figura del intelectual comprometido del que nos hablara el filósofo y teórico marxista italiano, Antonio Gramsci, hoy esté invisible y sin activar.
¿Pero que es un intelectual?. Un intelectual es aquella persona que se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre las ciencias, las letras y la realidad, y comunica sus ideas con la pretensión de influir en ella, alcanzando cierto estatus de autoridad ante la opinión pública.
Mientras el intelectual denunciador es aquel que critica al sistema dominante y según Sartre, representa la figura clásica y más visible del intelectual.
En tanto que el intelectual comprometido es aquel que escribe para un público que tenga la libertad e intención de cuestionar y cambiarlo todo, teniendo como esencia la sujetividad de una sociedad en revolución permanente.
Visto esto, nos adentramos en buscar las causas que han generado este opaco papel de los intelectuales contemporáneos en la actual coyuntura en nuestro medio, y hemos llegado a la conclusión de que esta elite social probablemente ha sido vencida y arrodillada por el poder, ya sea este de índole económico o político. Hay que decir que todo comenzó a partir de los años ochenta empujado por una serie de acontecimientos externos.
Como por ejemplo, cabe recordar el derrumbe del bloque soviético y las revisiones ideológicas que contribuyeron a que se haya llamado exageradamente a esa época “el fin de las ideologías”, lo que generó un desinterés en la política y que el compromiso haya perdido su razón de ser.
Pero a pesar de todo eso, no se debe olvidar que el papel del intelectual crítico sigue siendo esencial en la sociedad de la información, donde el exceso de datos abruma y desorienta al individuo.
Albert Camus, autor de la excelente novela “El Extranjero”, dijo una vez que “puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero si no hacemos nada, no habrá felicidad”.
jpm-am


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