Los tiempos cambian, evolucionan o se transforman. Así lo establece la dialéctica. Y con los cambios epocales, cambian también las costumbres. los hábitos, los valores y el pensamiento o visión del mundo de las personas. En tal virtud, lo actos humanos que antes se consideraban positivos o funcionales, hoy se desprecian por entenderlos negativos o irrelevantes; y lo que ayer se consideraba un antivalor, hoy se asume, practica y reconoce como el más preciado de los valores.
Para ilustrar lo antes expresado, vale destacar, por citar solo un ejemplo, que en la época de mi niñez, una muchacha, lo mismo que los padres de esta, para aceptar o rechazar las pretensiones amorosas del galán enamorado, tomaban muy en consideración el núcleo familiar al cual este pertenecía, así como los valores (respeto, seriedad, honestidad, laboriosidad, prudencia, decencia y amor a los estudios, entre otros) que tipificaban su comportamiento. A tono con este perfil, era muy común escuchar frases del tipo «El novio de mi hija es pobre, pero muy serio, honrado, estudioso y trabajador…» . En términos parecidos se expresaba también la novia.
Con el discurrir del tiempo, todo cambió: el reinado de los antiguos principios parece haber llegado a su fin, los antivalores se convirtieron en valores y viceversa, lo espiritual sucumbió ante el peso de lo material, el parecer sepultó al ser, el encarecimiento de bienes de consumo alcanzó, niveles insospechados, y todo eso contribuyó a que al dinero comenzara a rendírsele un culto con ribetes casi mesiánicos.
Es, en semejante contexto, cuando al repertorio del léxico activo de los dominicanos entran en vigencia frases como «Con honestidad no se va al supermercado», «La seriedad no suma», «Con moral no se come», entre otras. Es entonces cuando las mujeres, para conceder el romántico «sí», primero deberán investigar los recursos económicos que posee el hombre que se lo solicita.
Es entonces cuando los padres; pero especialmente las madres, comienzan a vender a sus hijas al pretendiente acaudalado y, más que hijas, a asumirlas y tratarlas como libretas o cuentas bancarias. Es entonces, en fin, cuando en la sociedad dominicana irrumpe con ímpetu imparable el fenómeno seudo sentimental que a mí se ha ocurrido identificar con el nombre de «Amor de escalera».
¿Qué debe entenderse por «Amor de escalera?
Así llamo a ese falso sentimiento que conduce a una mujer a establecer vínculos sentimentales con un nombre, seducida no por el amor que por este sienta ella, sino atraída por su riqueza o posesión de cuantiosos bienes materiales y el consecuente interés de ascender social y económicamente. Tal intención es también atribuible a la madre, no tanto al padre, de la dama conquistada.
Si bien en las últimas décadas ha logrado una muy recurrente o inusitada presencia, «el amor de escalera», al parecer, siempre ha existido en la República Dominicana. Así se pone de manifiesto en un poema, «Poemas de pueblo para muchacha de pueblo», publicado en 1940 por uno de los poetas representativos de la literatura dominicana.
Compuesta por el laureado poeta vegano, Rubens Suro García Sarmiento (1916/2006), en esta composición, su autor describe e introduce una aguda crítica social al amor artificial y al resquebrajamiento o pérdida de valores éticos y morales en en la sociedad dominicana (medio urbano) durante la época en que vio la luz pública. Un medio (ciudad) y época en los que, según Suro, «la vergüenza estaba “knock – out” y en camillas la moral». Un medio en el que se destaca la artificialidad del beso del «último galán…», y en el que el novio «ve antes que la novia / los caudales del papá?»
Nos describe el poeta unas relaciones amorosas establecidas en forma rápida o carentes por completo de sustancia sentimental (“amor a velocidad”) y en las que cada uno de los entes que las conforman «habla en libretas de bancos /para poderse expresar». Entes o miembros de la pareja, cuya felicidad, entienden, debe sustentarse no en auténticas muestras de amor, sino en el dinero, razón por la cual conocen «más de finanzas /que de cosas del hogar»
A la luz de las ideas precedentemente expuestas, valdría preguntase :
1. Esa moral que en 1940, según el poeta, estaba “en camillas”, ¿ochenta y cuatro años después (2024), ¿ya falleció o aún se mantiene vigente en la República Dominicana?
2. ¿Considera usted, como yo, que ese falso, fingido, materialista, inauténtico, ultraartificial o «Amor de escalera» que entraña el sentido profundo de la aludida composición, ¿cobra cada día mayor vigor y constituye la más viva expresión de la inversión de valores que en forma pregresiva corroe los cimientos éticos que deben servir de soportes a la sociedad y familia dominicanas?
He ahí el texto completo del poema :
ESTROFAS DE PUEBLO PARA MUCHACHA DE PUEBLO
« ¿Amor?
¿Este amor de la ciudad,
que ve antes que la novia
los caudales del papá?
Labios cargados de “rouge”,
para un beso artificial,
enseñado en el cinema,
por el último galán.
(La vergüenza está “knock – out”
y en camillas la moral)
Muchachas – flores de “flirt”-
marchitada castidad,
la cabeza en Cinelandia,
los pies en tierra natal.
Amor: sed de gasolina,
amor a velocidad,
que habla en libretas de bancos
para poderse expresar.
¿Amor?
¿Este amor de la ciudad,
que encuentra en el “Beauty Parlor”
una fórmula industrial,
-maravillas del cosmético-
para detener la edad?
–
Amor a base de Química,
-Max Factor dictatorial- .
Amor que quiso con “dollars”,
poseer la felicidad,
que sabe más de finanzas,
que de cosas del hogar.
¿Amor?
¿Este amor de la ciudad?
¡que cubre sus desnudeces,
con trajes de celofán!»
(1940)
jpm-am


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En los momentos een que nos encontramos, nadie vive de la etica, de la elegancia del honor, de la pulcritud, del respeto, y una clarinada mas epetitos elegante. Solo se pienza en el mome nto cualesquiera que sea, solo es el momento y el resto que se joda. No tenemos lideres politicos, tenemos ladrones de primer orden y eso al parecer es lo que vale. Nuestro jovenes de este siglo, no tiene, una valla, que lo detenga es como decir se jodio to.
Como si hubiese sido escrito hoy.
Este poema evidencia el espíritu anti ético que caracteriza a muchas personas de nuestra sociedad.