Los diputados de ultramar no representan a nadie. Esa es la verdad incómoda que el Congreso se niega a enfrentar.
Desde 2012, la República Dominicana mantiene siete curules para legisladores electos por la diáspora. Trece años después, el experimento fracasó.
No los elige nadie
En 2024 votó menos del 20% del padrón en el exterior. En Europa, la participación no llegó al 15%.
Un diputado que llega al Congreso con 3,000 votos en una comunidad de 200,000 dominicanos no tiene mandato real. Es un delegado de su partido, no de la gente.
No viven donde dicen representar
La mayoría de estos legisladores reside en Santo Domingo. Aparecen en Nueva York o Madrid para la foto, prometen oficinas de enlace y desaparecen cuatro años.
La diáspora enfrenta problemas concretos: revalidación de títulos, pensiones, abusos consulares, remesas costosas. ¿Cuántos proyectos de ley han impulsado los diputados de ultramar para resolverlos? Casi ninguno.
Son un gasto sin retorno
Cada diputado cuesta al Estado más de RD$300,000 mensuales entre salario, viáticos, pasajes y asesores. Multiplícalo por siete. Son más de RD$25 millones al año para curules que no fiscalizan, no legislan y no rinden cuentas. Con ese dinero se podrían financiar 50 oficinas consulares con abogados y trabajadores sociales.
Debilitan la democracia
Estas curules son cuotas partidarias. Se reparten entre dirigentes que no ganaron en el territorio nacional. Así se premia la lealtad interna y se castiga al votante.
Mientras un diputado nacional necesita 50,000 votos, uno de ultramar se sienta con una fracción. Es una distorsión que abarata la representación.
La diáspora dominicana aporta más de US$10,000 millones al año en remesas, sostiene a miles de familias y estabiliza la economía. Merece respeto, no una simulación.
Si el Estado quiere vincularse con sus ciudadanos en el exterior, que fortalezca el servicio consular, facilite el voto y cree mecanismos reales de participación.
Dejemos el teatro, los diputados de ultramar no representan a la diáspora, representan a sus partidos. Y al país le salen muy caros. Es hora de eliminarlos.
jt-am


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