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La justicia dominicana está en pañales, apenas si va fortaleciendo sus piernas que todavía son de gelatina. Estamos en un país sin instituciones fuertes, por lo que el estamento judicial sólo es una parte de ese hielo que se descongela. Hay que impulsar el desarrollo y el fortalecimiento de la justicia dominicana.
Se ha avanzado mucho. Hoy a pesar de sus sinsabores, la justicia va echando las zapatas para lograr su fortaleza. Es un camino empedrado donde se puede caer en un momento, pero lo trascendental es seguir adelante.
La principal debilidad de la justicia dominicana es que sigue siendo un ariete del área política. Los jueces se escogen como parte de cuotas entre los sectores políticos y grupos de presión. Lo mismo pasa con la Suprema Corte de Justicia, que se reparte entre sectores de nombradía pública.
Las fallas que ocurren en la República Dominicana en la administración de justicia son propias de una nación sub-desarrollada. Esos entuertos hay que enfrentarlos y tratar de que se corrijan. La mayor parte de los jueces y fiscales son serios y responsables, pero también es cierto que hay una minoría que peca de tremendista.
Por años fui reportero del área judicial. Conocí a la justicia inclinada para facilitar la persecución política. Ser enemigo del régimen de turno servía para que un juez le cantara varios años de prisión, aún a sabiendas de que esa persona no había cometido ese delito. Hoy estamos lejos de esa persecución política y de ese servilismo de jueces y fiscales.
En esa etapa de reportero pude ver como en los pasillos del Palacio de Justicia se vendían sentencias casi a la libre. Es más, había tres oficinas de abogados situadas en los alrededores de ese edificio, donde se redactaban las sentencias de los jueces. Recuerdo a un fiscal que subía a estrado y debajo de la toga se le veían las botas y el pantalón blanco de uniforme militar.
Hoy es imposible que ocurran hechos de esta naturaleza. Se ha avanzado, el camino es difícil, pero creo que todos los dominicanos deben tener la esperanza de que se pueda lograr un segmento judicial fuerte y poderoso. No olvidemos todas las lacras que tiene el sistema dominicano, y muy a nuestro pesar, eso conlleva la lentitud de las instituciones.
Valen las denuncias y las acciones para echar a los corruptos de la justicia, pero al mismo tiempo hay que convertirse en un obrero para ir tirando la zapata sobre el florecimiento de un nuevo segmento judicial libre del peculado, de la venta de sentencias y de servir de ariete de propuestas políticas. Para lograrlo hay que trabajar duro y tener el alma limpia.
jpm


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