POR ROBERTO RIMOLI
El poema se inicia con la repetición casi hipnótica “Marumba… Marumba”, que
establece el pulso invocatorio. Aunque Marumba no es una onomatopeya, funciona
como un estribillo nominal y rítmico que prepara la irrupción sonora. Este llamado
genera la primera elevación del ritmo, creando expectativa hacia el elemento percusivo
central.
Inmediatamente después, las palabras “se aglomeran sin nombre” y se concentran
en el “universal fondillo” para “multiplicar el canto descalzo de tu vientre”. Aquí
comienza el verdadero ascenso rítmico: la acumulación léxica actúa como un
crescendo que va de lo abstracto a lo corporal, preparando el terreno para la entrada
de las onomatopeyas.
La primera aparición explícita de la onomatopeya marca un salto de intensidad: “Con
el Rum Tum Tum de cocotales”, “Rum Tum Tum” (con eme) imita con precisión el
golpe grave y repetido de tambores caribeños. Esta onomatopeya introduce un pulso
ascendente que acelera el ritmo del poema, como si un tambor lejano se acercara y
ganara fuerza.
La repetición de “Marumba” tras la onomatopeya crea un contrapunto: mientras
“MARUMBA” nombra e invoca, “Rum Tum Tum” suena y golpea a la vez. Esta
combinación eleva el ritmo de forma sostenida, fusionando invocación y percusión en
un movimiento ascendente que imita el desarrollo de una ceremonia ritual.
El texto avanza con “porque un quebranto redondo te amortaja” junto a “tu lengua
de España y tus senos groseros de Africa”.
El ritmo no desciende ante la imagen de la muerte; al contrario, las onomatopeyas
“Rum Tum Tum” siguen impulsando el discurso hacia arriba, transformando el duelo
en un baile que gana vitalidad.
“Para enarbolar tu muerte marinera”, “el viento se marcha borracho con el tambor de
maracas viajeras”. El poeta, inteligentemente logra acentuar el ascenso rítmico y lo
acentúa mediante imágenes etilicas y marinas. La onomatopeya actúa como motor
incesante que impide cualquier caída, manteniendo la cadencia en constante elevación.
La invocación central “Con el Rum Tum Tum del
balsié/Marumba/Santodomingueando…” representa uno de los puntos más altos del
crescendo. “Rum Tum Tum” (variante ortográfica de la misma onomatopeya) intensifica
el efecto percusivo y corporal, asociándolo al baile y al ritual, lo que acelera el pulso
lector de manera notable.
El dolor “que abraza tus caderas en tono vertical/ con “un ritual de orgías profanas”
refuerza el carácter y el ritmo ascendente. La onomatopeya “Rum Tum Tum” aquí
adquiere connotación erótica y ritual: cada repetición es un golpe que impulsa el poema
hacia un clímax sensorial y sonoro.
Al llegar en posición “bocarriba”, mientras la deuda de tu estómago se
acrecienta”, el ritmo se mantiene en ascenso, y la mirada del poeta “se duerme
sobre tus nalgas de ceiba torrencial”, pero el tambor onomatopéyico no cesa,
convirtiendo incluso el reposo en vibración continua.
La imagen del “un niño teje su sonrisa con tu sombra” introduce una nota de
continuidad generacional, y de paso el “Rum Tum Tum” funciona a su vez como una
herencia sonora: el ritmo ascendente asegura que la vibración no termine con la
muerte, sino que se transmita.
La repetición final “Con el Rum Tum Tum MARUMBA / Con el Rum Tum Tum con
yerba buena” consolida el efecto acumulativo. Cada nueva aparición de la
onomatopeya eleva la intensidad previa, creando una espiral rítmica que no busca
resolución descendente.
El cierre introduce un vocabulario de escasez y ausencia ritual culinaria: “Sin cafunyí
en la paila”, refuerza la sensación de carencia; sin embargo, el Rum Tum Tum con
yerba buena mantiene el pulso vivo: el ritmo y la memoria sustituyen lo que falta en la
olla, convirtiendo la pobreza en pura percusión y resistencia sonora.
El vocabulario empleado por Julio Cuevas en el poema es barroco caribeño: denso,
mestizo, inventivo y profundamente sensorial, que sabe manejar con maestría de su
impulso único.
Las imágenes oscilan constantemente entre lo telúrico y lo mítico, lo erótico y lo
mortuorio, lo político y lo íntimo.
El cuerpo femenino se convierte en isla, altar, tumba, tambor. Todo el poema es una
gran imagen en movimiento: un cuerpo que late, baila y resiste a través del Rum Tum
Tum, incluso en la muerte y la hipoteca del tiempo, Cuevas invoca majestuosamente
un ritual donde la palabra se hace carne, tambor y grito eterno de supervivencia
caribeña.
of-am


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